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miércoles, 2 de julio de 2008

Anemia en el embarazo


Las funciones del hierro
En el embarazo la alimentación es fundamental, porque de ella depende en gran parte la salud de la mamá y el bebé.
El hierro es uno de los nutrientes que debe cuidarse especialmente, ya que la anemia es uno de los problemas que se presenta con mayor frecuencia durante el embarazo.
Las mujeres embarazadas necesitan hierro para reponer las pérdidas basales, aumentar la cantidad de glóbulos rojos y satisfacer las necesidades del nuevo ser, y de la placenta.
Si la madre no tiene depósitos suficientes de hierro y no recibe una cantidad suplementaria de este mineral, puede sufrir un agotamiento progresivo de hierro durante el embarazo, pues las necesidades del feto predominan sobre las de la madre.
En la segunda mitad del embarazo la necesidad aumenta porque se deben completar las reservas fetales para los primeros meses de vida.
Se deberá, por lo tanto, aumentar el consumo de hierro. Lo más usual es que el médico aconseje un suplemento.
La anemia en el embarazo puede determinar un mayor riesgo de infecciones, bebés de peso bajo, o mayor dificultad en el parto. Además, puede dejar una carencia importante que va a influenciar la salud y la energía de la madre, tan necesarias en los primeros meses de vida de su hijo.

Y dónde lo encontramos?
El hierro de los alimentos puede estar bajo dos formas: hem o no hem; el hierro hem es el proveniente de la sangre animal, por lo tanto se encuentra en los alimentos animales (carnes) y es de mayor absorción; además, no depende de otros constituyentes de la dieta.
El hierro no hem se encuentra principalmente en los alimentos vegetales, y tiene una menor absorción; hay algunas medidas que se pueden tomar para aumentar su biodisponibilidad, por ejemplo, adicionar vitamina C a esa comida, a través de un jugo de naranja, o condimentando con limón, o tomando limonada. Otra medida útil es acompañar aquellos alimentos vegetales que nos aportan hierro con una porción de carne; ésta combinación facilitará la absorción del hierro vegetal.
La absorción del hierro se lleva a cabo de acuerdo a nuestras necesidades; durante el embarazo, si los depósitos están carentes, la absorción será mayor. Debemos evitar el consumo de té común o café después de comidas con aporte de hierro, ya que inhiben su absorción.
Entre las sustancias que inhiben la absorción del hierro no hem se destacan los fitatos y fosfatos, presentes en mayor cantidad en las harinas integrales. De todas maneras, el hierro y otros minerales aportados en los alimentos integrales es mayor que en los panificados refinados. El salvado de trigo o de otros cereales tiene un fuerte efecto inhibidor, por lo cual se debe evitar su adición en las comidas donde se aportan alimentos ricos en hierro
La absorción del hierro de las legumbres es baja; no obstante, estos alimentos son fuentes importantes de hierro no hem en la dieta actual y se puede optimizar su absorción a partir del agregado de vitamina C a esa comida, por ejemplo utilizando el limón como condimento en una ensalada con legumbres; por otra parte, las legumbres son ricas en ácido fólico, que contribuye a evitar las anemias y mejora el rendimiento del hierro.

jueves, 19 de junio de 2008

Vuelta al trabajo. ¿Con quién dejamos al bebé?


La incorporación al trabajo tras la baja maternal no será tan sencilla como levantarnos una mañana y volver al lugar que ocupábamos. Nuestro bebé nos obliga a ser previsores y organizarnos. Para empezar, ¿con quién lo dejaremos?


Cuando nos incorporamos a trabajar cambia la hora de levantarnos, el tiempo disponible para nuestro hijo, nuestra actitud y nuestra energía. Pretender que todo siga igual solo nos generará frustración y estrés.

Empieza una nueva etapa
Hay que rediseñar la rutina aprovechando lo que ya teníamos: la primera toma de la mañana, la última de la tarde o el baño nos permitirán reconectar con nuestro hijo. Sin embargo, habrá muchas cosas que no podamos hacer nosotras. ¿Lo cambiará y alimentará su padre? ¿Lo sacará nuestra madre a pasear? ¿Quién hará la comida?
Hemos de coordinarnos con las personas que nos ayudarán, e ir dando a cada uno su lugar durante la baja maternal.
El papel del padre es primordial. Para que pueda involucrarse en el cuidado del niño hemos de dejarle espacio suficiente los primeros meses. Él también ha de construir su relación con el pequeño y sentirse seguro para cuando nosotras no estemos.

¿Con quién dejamos al bebé?

Los abuelos
Son los que más confianza y tranquilidad nos aportan: sabemos que el niño recibirá mucho amor y mimos. Pero también son los que se sienten autorizados para saltarse nuestras normas con más facilidad, lo que puede originar conflictos.

Es importante contrastar con ellos el criterio educativo que vamos a seguir y asegurarnos de que están de acuerdo y se sienten cómodos y respetados. La nueva relación reforzará los lazos familiares.

La guardería
La Escuela Infantil suele plantearnos muchas dudas: ¿Estará el bebé bien atendido, pasará mucho tiempo solo, le darán de comer a demanda? Aparte de un lugar que nos inspire confianza, hemos de valorar la cercanía a casa o al trabajo.

Antes de elegir una guardería debemos visitar las instalaciones, hablar con el personal y conocer su plan educativo. Será bueno llevar al bebé los últimos días antes de incorporarnos al trabajo y dejarlo cada día más tiempo, para que tanto él como nosotras nos acostumbremos a la separación.

Niñera o cuidadora
Debería acompañarnos al menos las últimas semanas de la baja, ya que es clave generar una relación de confianza con ella antes de volver al trabajo. Además, nos quedaremos más tranquilas viéndola en acción.

Cuando también necesitamos a alguien que nos ayude en casa, solemos caer en un error: elegir a quien viene a limpiar para cuidar al niño, solo porque la conocemos. Pero los bebés necesitan mucho tiempo, así que: ¿buscamos alguien cualificado para limpiar la casa que de paso cuide al niño, o alguien cualificado para cuidar al niño que de paso arregle la casa? Uno u otra quedarán más descuidados.

El sueño de la madre tras la llegada del bebé

Uno de los cambios que peor llevan muchas madres en el posparto es la falta de sueño: ya no duermen cuando quieren... sino cuando pueden. Y, a veces, ni eso. Te contamos trucos y estrategias para dormir mejor en las primeras semanas con el recién nacido.


Los recién nacidos pueden llegar a dormir hasta 18 horas diarias, pero en ningún caso seguidas. Es inevitable que las pautas de sueño de la madre se alteren.

Las hormonas también influyen
Los estrógenos y la progesterona actúan en el cerebro femenino sobre las zonas relacionadas con el sueño, modulando los receptores neuronales y regulando los niveles de vigilia o somnolencia.

Durante el posparto disminuye bruscamente la progesterona, una hormona que produce una excitación del estado de vigilia y predispone a padecer insomnio.

Como consecuencia, también se altera el ritmo circadiano y se padecen episodios de somnolencia repartidos en las 24 horas del día.

Trucos para dormir mejor
Afortunadamente, la falta de sueño puede aliviarse con una serie de trucos y estrategias.

1.- Adoptar el horario del bebé
Los expertos aconsejan seguir, en la medida de lo posible, el ciclo sueño-vigilia del niño: dormir cuando él lo hace, independientemente de la hora que sea. Así es posible recuperar el sueño que se va perdiendo durante la noche.

2.- Ejercer de madre gradualmente
El hecho de que muchas madres se hagan cargo de forma exhaustiva del niño desde el primer momento les impide recuperarse bien del parto. Esto, unido a la falta de sueño, puede llevarlas al agotamiento.

En los días siguientes al nacimiento del bebé, además de los cuidados del padre, también es bueno contar con la ayuda de algún familiar o amigo. Así la madre podrá descansar con menos interrupciones.

3.- Dormir siempre en la cama
Es preferible acostarse en la cama que en el sofá, aunque tengamos poco tiempo. Así, aunque el sueño sea breve, resultará reparador. Dormirse delante del televisor es contraproducente, ya que impide que el sueño sea profundo.

También es importante desconectar todos los teléfonos.

4.- Hacer ejercicio
El ejercicio físico incrementa los niveles de energía y ayuda a combatir la fatiga. Basta con 20 minutos de aeróbic delante de la televisión, varios abdominales o unos
simples estiramientos.

5.- Vigilar la dieta
Aunque los azúcares y la cafeína proporcionan un bienestar inmediato, su ingesta va seguida de un bajón de energía que empeora la situación.
Otros tentempiés como los melocotones secos o las almendras, además de incrementar los niveles de energía, aportan mucha vitamina A y hierro.

6.- Esconder el reloj
Estar pendiente del reloj puede alterar el sueño. Y, aunque esta es una de las primeras cosas que se suelen hacer cuando uno se levanta por la noche, mirar la hora pone la mente en funcionamiento.

Por eso, lo mejor es colocarlo alejado de la cama, dar de comer al niño y volver a dormir.


7.- Alargar el periodo de sueño nocturno
El sueño de un recién nacido está distribuido en 6 ó 7 periodos. Para alargar el sueño nocturno conviene acostarle por el día en una habitación con mucha claridad, en la que pueda escuchar los ruidos del día, y dejar la oscuridad y el silencio para la noche, acostándole después de un baño.

8.- Olvidar nuestro "protocolo del sueño"
Una vez que el niño se haya dormido, lo mejor es acostarse tras los primeros signos de sueño. Aunque todo esté manga por hombro, haya alguna cosa que hacer o sea pronto. Ahora, el sueño es una prioridad absoluta.

Primeros alimentos del bebé. ¿Qué necesitamos?


Llega un día en el que el bebé necesita incorporar a su dieta otros alimentos, además de la leche. El pediatra indicará cuándo ha llegado el momento y qué alimentos y en qué orden se le pueden ofrecer. ¿Qué habrá que tener en casa llegado el momento?

Papillas
* Para prepararlas: una batidora eléctrica para deshacer los grumos que se forman al mezclar la leche en polvo con el agua.
* Para dárselas: una cuchara pequeña de plástico con la punta redondeada y un plato que conserve el calor (al principio los bebés comen muy despacio).


Purés y alimentos sólidos
* Para prepararlos: una batidora, un exprimidor para los zumos, sartenes antiadherentes (para poder freír con poco aceite) y cacerolas de acero inoxidable, aunque lo ideal es usar una cacerola de cocción al vapor, que conserva mejor las vitaminas y sales minerales de los alimentos.
* Para dárselos: un cuenco, un plato llano, una bandejita con varios compartimentos (para separar los alimentos), una cucharita y un tenedor, todo de plástico resistente. También conviene tener un vaso con boquilla antigoteo y asas, para que se acostumbre a beber solo, y al menos un par de baberos de plástico rígidos con el final vuelto al revés (llamado recogemigas).
* Para conservarlos: un buen surtido de tarteras o botes herméticos de cristal y un termo no muy grande para cuando haya que darle de comer fuera de casa.

jueves, 5 de junio de 2008

¡Tengo un antojo!


Los antojos son una de las peculiaridades más curiosas embarazo. Pero, ¿por qué las futuras mamás tienen esos caprichos por determinados alimentos? ¿Los provoca una necesidad o son meras extravagancias?

¿En qué consisten los antojos?

* Son un apetito especial, que tiene tres características: no se satisfacen con un sustituto; son urgentes, no admiten postergación; y producen una satisfacción especial.
* Abarcan toda clase de comida:pepinillos en vinagre, helados, snacks...
* Muchas embarazadas se encaprichan con un sabor que, antes de quedarse en estado, les resultaba indiferente o desagradable.
* Además, los antojos se presentan a cualquier hora del día (o de la noche) y en cualquier momento de la gestación. Los tienen tres de cada cuatro embarazadas.

¿Qué los provoca?

¿El déficit de algún nutriente?
Antes se creía que los antojos respondían a la necesidad marterna de ciertos nutrientes, pero esta idea ha sido descartada.
Eso sí, hay algunas curiosas relaciones entre los antojos y la fisiología del embarazo. Por ejemplo, puede apetecer algo dulce de madrugada porque a esas horas hay una bajada de glucosa en la sangre materna (ya que el feto se alimenta continuamente y la mamá ya hace varias horas que no come).

¿La actividad cerebral?
Los antojos podrían deberse a que las áreas del cerebro implicadas en el gusto están muy cerca de las que reciben los impulsos nerviosos originados en el útero durante el embarazo y el ciclo menstrual, ya que ambas están en el quinto lóbulo del cerebro.
Las terminales nerviosas del útero envían señales a sus receptores cerebrales, que al activarse activan también, por proximidad, los receptores de las sensaciones del gusto, y provocan así los antojos.

¿El cambio hormonal?
Un estudio canadiense demostró que la relación entre los cambios hormonales y los antojos no solo se produce en las mujeres, también en los hombres, que experimentan también una subida de hormonas.

¿Los cambios psíquicos?
Los antojos pueden representar la desviación de la sensación de ansiedad que provoca el embarazo. El hecho de que los alimentos que más se antojan sean los “prohibidos”, como el chocolate, también hace pensar en una causa psicológica.

¿Qué función cumplen?
Tener un antojo es como hacer una visita a la propia infancia. Los antojos producen varias satisfacciones:

* Calman un ansia, que la futura mamá puede aplacar porque sabe claramente qué quiere (aceitunas, fresas...)
* Llevan a la infancia: un objeto y sólo uno atrae el deseo. Igual que de niña, cuando quería esa golosina o ese juguete y ningún otro le servía. Son como un saber de la propia niñez que prepara a la mamá para la niñez del hijo.
* Los satisface la pareja. Así, cuando la mujer recibe los higos o el chocolate, estos están impregnados no solo de sus ganas de comérselos, también del amor del futuro papá.


Cuidado con pasarse

* Si se abusa, los antojos (y las aversiones) pueden causar alteraciones en el estado nutricional de la futura mamá.
* Cuidado: también pueden afectar a la relación de pareja. Para muchas mujeres los antojos pueden ser una manera de llamar la atención y tener la situación bajo su mando.
* No es verdad que los antojos no satisfechos se convierten en manchas en la piel del bebé. En los antojos no interviene el feto sino la mamá, y el papá también, que, dando unas fresas, un dulce o una aceituna, puede convertir a su mujer en la más feliz del mundo, aunque sea por un ratito.

¿Por qué tu hijo no quiere irse a la cama?


A los dos años, muchos prefieren alargar la hora de irse a la cama. Pero no siempre se trata de un simple capricho infantil. Detrás de esa negativa rotunda a acostarse, normalmente suele haber un porqué. Conociéndolo, será más fácil ayudar a nuestro hijo a soñar con los angelitos.

1. Tiene miedo a quedarse solo
Para muchos, ese período que tienen que pasar solos y a oscuras resulta cuanto menos inquietante. Por eso, utilizarán cualquier estrategia a su alcance para evitarlo.

Qué hacer: Los especialistas aconsejan estar pendientes del niño de forma especial cuando llega el momento de coger el sueño: acompañarle a la cama, charlar un rato con él en su habitación y estar presentes, con la luz encendida, hasta que concilie el sueño. De esa forma se encontrará más seguro y protegido.


2. Quiere seguir jugando

No desea perder el tiempo en la cama ahora que ha descubierto que tiene un mundo fascinante para disfrutar. Y dormido, eso resulta imposible.

Qué hacer: Las opciones se reducen a dos: hablar e intentar razonar con él. Quizá no le convenzamos, pero hay que explicarle que si no duerme bien, al día siguiente no podrá jugar porque no tendrá fuerzas. Además, los sueños también le sirven para descubrir cosas nuevas.


3. Está castigando a los padres

Algunos niños deciden «castigar» de alguna forma a sus padres evitando ir a la cama cuando sufren alteraciones del apego, es decir, del vínculo afectivo que se establece entre la madre o el padre y el pequeño.
Si, por ejemplo, mamá vuelve a trabajar tras dos años dedicada en exclusiva a su hijo, este entiende que ahora no la tiene sólo para él.

Qué hacer: Hacerle ver que seguimos pendientes de él.
Lo que calma a los niños son las situaciones afectivas normales, por lo que, en lo posible, es bueno que siga siendo la madre quien le acueste si hasta ahora venía siendo así.
También ayudará estar con él todo el tiempo que los padres puedan durante el día, de forma que el pequeño perciba que nadie se ha desentendido de él. De cualquier forma, en este tipo de casos la situación suele resolverse pasadas unas semanas, cuando se habitúe a la nueva rutina.


4. Está demasiado consentido
No querer irse a la cama también puede deberse a la ausencia de límites. Un niño al que se le permita hace todo lo que quiere y cuando quiere, no entiende porqué ha de acostarse cuando sus padres lo digan. Esta causa es menos frecuente, pero posible.

Qué hacer: Lo mejor en estos casos es aplicar el sentido común. No hay que tomar medidas drásticas: inculcar unas rutinas estables generalmente soluciona el problema.

Trucos para que el niño se vaya a la cama
* Procurar que pase tiempo en su habitación. Si está acostumbrado a jugar en el salón y únicamente utiliza su cuarto para dormir, no asociará ese lugar a momentos agradables. Si procuramos que juegue de vez en cuando en su habitación, le será más fácil conciliar el sueño en ella.
* Calmarle en su cama.Cuando un niño se despierta en mitad de la noche llamando a papá y a mamá, hay que acudir a su lado y calmarle. Pero hay que hacerlo en su propia cama, para acostumbrarlo a dormir en ella.
* En caso de que vaya a buscar a los padres a su habitación, los pediatras recomiendan cogerle de la mano, llevarlo de nuevo a su cuarto y quedarse un rato con él hasta que concilie de nuevo el sueño.
* Compartir cama con sus compañeros de juegos. Todo lo que dé seguridad y confianza es bueno. Si duerme mejor con su raqueta de tenis, adelante.
* El venerado cuento. Repetir siempre la misma acción antes de apagar la luz les relaja. Leerle un cuento o cantarle bajito una canción son los mejores tranquilizantes.



Rutinas que no fallan

* Muchas veces, el secreto para dormir bien es hacer todos los días lo mismo. Seguir estas normas le ayudará:
* Dormir siempre en un ambiente tranquilo y oscuro.
* Acostarse y levantarse siempre a la misma hora.
* Disminuir, en lo posible, el ruido ambiental.
* No acostarse con hambre o con exceso de líquido.
* Enseñarle a dormirse solo (salvo que sufra algún tipo de anomalía del sueño).

* Limitar la actividad física dos horas antes de acostarse.
* Impedir las siestas muy prolongadas o muy tardías.
* Evitar bebidas o alimentos excitantes (colas, chocolates…).

¡Pero yo quería una niña...!


La llegada de un hijo siempre es una alegría. Saber que el embarazo va bien es primordial, pero enseguida, tanto los futuros padres como su círculo más cercano empiezan a expresar sus preferencias por el sexo del bebé. Normalmente cuando es el primero importa menos, aunque siempre hay quien se decanta más por un niño o por una niña. Y si finalmente el bebé no es del sexo deseado, no suele existir mucha desilusión, ya que se «cuenta con más oportunidades».

La verdadera decepción puede aparecer cuando el sexo del bebé en el segundo embarazo o en los siguientes tampoco es el que soñábamos.

Es lo que le ocurrió a Teresa, de 32 años. Tenía un niño, Pablo, de tres años, y tanto ella como su marido deseaban fervientemente una niña. «Pedro quería tener a su niña de papá y mi ilusión era hacerle peinados y jugar con ella. Tenía tantas ganas, que no pensé ni por un momento que podía ser otro niño», explica. El día de la ecografía vino el disgusto: «Mientras el médico miraba el monitor, mi marido le preguntó: "¿Qué, doctor, está bien nuestra niña?". El médico le miró extrañado: "¿Les habían dicho que es una niña? Porque yo aquí solo veo un chico con todas las de la ley"...». Teresa cuenta que tuvo que hacer tremendos esfuerzos para no llorar en la misma consulta, y que cuando salió a la calle estalló en un llanto de decepción, que le duró varios días.


Una reacción muy normal
La reacción de Teresa, así como la de otros padres en sus mismas circunstancias, es comprensible. La intensidad del disgusto es proporcional a las expectativas que se tienen respecto al hijo que se espera. Cuanto mayor interés haya en un sexo concreto, mayor será la decepción, aunque los padres tiendan a contrarrestarla diciéndose a sí mismos (y a los demás): «Lo importante es que el bebé venga bien».

Para colmo, muchas mamás, además, se sienten mal por estar tan decepcionadas, como le pasó a Nuria (37 años): «Cuando me dijeron que era otro niño, lloré días enteros y no podía sobreponerme porque pensaba que a mi edad ya era difícil ir a por el tercero. Pero a la vez creía que era un monstruo de madre por disgustarme de esta manera, aunque no podía evitarlo». Nuria añade un elemento más a su preocupación: «Decidí no salir de casa hasta que se me pasara, porque tenía miedo de que los demás, al verme así, pensaran que era una frívola».

Sin embargo, según la psicóloga clínica Carmen García Olid, no pasa nada por reconocer que estamos tristes porque el bebé no es del sexo que esperábamos con tanta ilusión, ni debemos ocultar esa decepción, ni tampoco sentirnos culpables: «Nadie nos puede decir cómo hemos de sentirnos, ni juzgar si está bien o mal, y mucho menos en algo tan personal», asegura. «Además –añade– el problema suele desaparecer cuando nace el bebé (incluso antes) y comienzan sus cuidados».


A menudo nos creamos falsas expectativas
Habitualmente el deseo de tener un niño o una niña responde a la premisa tradicional de que las hijas son más de las madres y los hijos de los padres. Algunas mujeres prefieren solamente niñas porque «los chicos son más brutos», y muchos hombres quieren tener niños «para enseñarles a jugar al fútbol ». Pero también hay madres que se decantan por los varones porque están seguras de que «las chicas sufren más en la vida y los chicos son más fuertes». ¿Cuántas veces habremos escuchado estas opiniones?

Sin embargo, hay decepciones, desgraciadamente también frecuentes, que llegan incluso a afectar a toda la familia, por causas educacionales, sociales y económicas. Según Carmen García Olid, suelen darse en personas que viven de forma intensa la desigualdad social y consideran a los hombres y a las mujeres muy diferentes en sus capacidades sociales y laborales. También puede ocurrir en familias de alta posición social, con empresas y gran patrimonio, que tratan de seguir el convencionalismo social de tener hijos varones, sobre todo si es el primero, para dar continuidad a la obra del padre y a su apellido. Según la psicóloga, en estos casos es más difícil superar la pena porque el deseo está arraigado en la cultura y la tradición. Algo parecido ocurre en las familias en las que predomina un único sexo (solo nacen mujeres o solo hombres). La espera de un bebé que perpetúa la descendencia masculina o femenina también provoca un chasco considerable, aunque en estos casos el disgusto suele desaparecer antes.

Se considera desproporcionada la reacción cuando la decepción produce tristeza, ansiedad o se convierte en una obsesión, de manera que altera el ánimo y la vida normal de la embarazada y/o la relación con las personas que la rodean.

Mucho más grave aún sería el rechazo al embarazo y al bebé que se espera o sentir una gran culpabilidad por, según las circunstancias o situaciones, «no ser capaz de engendrar hijos/hijas».

En estos casos, es necesario acudir a un psicólogo junto a la pareja, ya que los dos futuros padres están implicados en el problema. Aunque la reacción afecte únicamente al padre o a la madre, ambos tendrán que formar parte de la terapia de apoyo.

Cómo evitar la desilusión
Para evitar esta decepción Carmen García Olid recomienda que cuando decidamos tener un hijo, lo hagamos porque deseamos ser padres de un bebé «sin sexo», no por ir a por la niña o a por el niño, o a por la parejita en el caso del segundo hijo.

Lo fundamental, según la psicóloga, es plantearnos que nos apetece tener un bebé, ya sea el primero, el segundo o el quinto, pero nunca pensar que queremos un niño o una niña. Porque eso, hoy en día, no es posible elegirlo, y tener un hijo nunca debe ser un capricho: «Hay que convencerse de que del mismo modo que nuestro bebé será niño o niña sin que podamos intervenir, también será alto, rubio, simpático, bombero, maestra... y que el principio del respeto a nuestros hijos empieza por aceptarles tal cual vienen».