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jueves, 25 de septiembre de 2008

¿Cuáles son los primeros síntomas del embarazo?

Los síntomas de embarazo suelen ser: sensación de náuseas o vómitos, aumento de la tensión mamaria y, además, muchas mujeres dicen que se encuentran raras pero no saben explicar el por qué. El aumento del flujo puede ser otro síntoma de embarazo, pero también puede deberse a una infección.

La mejor forma de salir de dudas es hacerte un test de embarazo, aunque sus resultados solo son fiables a partir de los 15 días de la concepción. Los expertos recomiendan esperar hasta un par de días después del retraso menstrual para asegurar que hay una cantidad de hormona suficientemente alta en orina para ser detectada.

Si el test es positivo debes ir al ginecólogo cuanto antes para que vea si el embrión está localizado en el interior del útero.

No quiero ser como mi madre

Nos pasamos la adolescencia despotricando del estilo educativo de nuestros padres. Y cuando nos toca ejercer, pensamos que jamás cometeremos los mismos errores. Un día, de repente, nos enfrentamos a la cruda realidad: somos repetidores de su conducta.

Una vez que estamos en el lugar de nuestros padres, nos encontramos con dos noticias, una buena y otra mala. La mala es que, a menos que tengamos una madurez envidiable, es habitual adoptar algunos «errores» de nuestros progenitores, ya sea repitiendo patrones o cruzando al extremo opuesto. La buena noticia es que tiene solución.

Nos quedamos perplejas cuando nos pillamos regañando con el mismo tonillo que tanto nos molestaba de nuestra madre. Los mismos gestos, las mismas palabras... ¡Lo hemos criticado tantas veces! Sin embargo, es lo que hemos vivido: «El efecto del modelo y del aprendizaje es un peso pesado», afirma la psicóloga Pilar Cobos.

«¡Horror! Soy una réplica de mi madre»
Vernos en el mismo rol que tanto daño nos ha hecho puede resultarnos muy agresivo. Sentimos culpa, vergüenza, incredulidad... Para más detalle, la mayoría de las veces se trata de una conducta impulsiva; sentimos que se nos escapa de las manos, lo que nos genera más angustia.

Pero no estamos condenadas de por vida. Simplemente, no hemos aprendido otra forma de afrontar determinadas situaciones. El modelo que tanto nos molesta ha permanecido en nuestro subconsciente. Ahora que ha salido a la luz, está en nuestras manos recomponer nuestro estilo educativo. Si queremos.

¿Qué tiene de malo el error, que siempre intentamos evitarlo?
No es agradable, desde luego. Requiere capacidad de autocrítica y espíritu para cambiar las cosas. Pero es uno de los métodos más efectivos de aprendizaje. El método de ensayo-error nos permite estar en contacto con la realidad y modificar nuestra dirección o conducta. Así pues, lo mejor es aceptar nuestros errores con espíritu deportivo.

Pautas para no perpetuar errores familiares
La primera medida es desterrar la culpa. Nunca nos deja avanzar. El segundo paso es distanciarnos de lo ocurrido y analizar la situación. Es decir, intentar entendernos a nosotras mismas: por qué hemos reaccionado así, qué hay en nuestro aprendizaje vital que nos impulsa a comportarnos en contra de nuestras ideas.

Llegaremos sin duda a la figura de nuestros padres, a nuestra educación. Pero detenernos a culparlos no servirá de nada, aunque su comportamiento esté en el origen del nuestro. Nuestra educación estuvo en sus manos, pero ahora está en las nuestras. Liberar ciertos sentimientos que albergamos hacia ellos puede ser de gran ayuda. Y comprenderlos es, en parte, comprendernos a nosotras mismas.

Puede que desde nuestra nueva perspectiva de padres entendamos cosas que antes no nos planteábamos: la presión social por mantener la casa limpia, en una época muy difícil para la mujer; la mano dura de unos padres educados de la misma manera; la sobreprotección de una madre que quiso cinco hijos y solo pudo tener una... Aunque teniendo claro que comprenderlos no es justificarlos.

Nos ayudará mirarlos desde la óptica adulta, como personas en lugar de como padres; con sus errores, debilidades y problemas. Entenderlos nos libera un poco más. Aunque lo más importante es entendernos a nosotras mismas: se trata del primer paso para conseguir cambios en nuestro comportamiento. Para decidir con más libertad qué estilo educativo queremos seguir.

La otra equivocación: irnos al otro extremo
Cuando, tras haber crecido bajo el autoritarismo, elegimos la permisividad para educar a nuestros hijos, nuestro error es otro. Hemos optado por alejarnos lo más posible de lo que nos hizo daño y, tanto nos alejamos, que terminamos en el extremo opuesto.

Y tardamos en percibir que algo va mal, porque en este caso todo es más sutil. Poco a poco vamos alimentando una situación que, al final (y generalmente no sabemos cómo hemos llegado hasta allí), nos resulta difícil de llevar.

Es posible que todo comenzara por no corregir los manotazos de nuestro hijo, en clara rebelión a la dureza con la que fuimos tratados de pequeños; o por comprarle todo lo que nos pedía, para paliar las carencias materiales o afectivas de las que fuimos víctimas. Solo buscamos lo mejor, pero a veces encontramos lo peor.

La alarma salta en forma de extrañeza y, a veces, de autocompasión: «¿Qué he hecho mal?» es la pregunta más repetida por las madres. En el fondo se trata de un problema de medida. Nos hemos ido al otro extremo... Y tenemos que encontrar el centro.


Cuidado con medicar al bebé

Dar medicamentos a los niños sin supervisión médica puede ser peligroso, y más cuando son pequeñitos. Los padres no siempre sabemos qué fármacos son adecuados para la enfermedad del bebé. Además, con algunos medicamentos, como los antibióticos, se pueden originar resistencias bacterianas. Respondemos a las dudas más frecuentes sobre la medicación de los niños.

¿Puedo darle un medicamento a mi bebé cuando está malo?

  • Durante el primer año de vida es muy importante no medicar al bebé por cuenta propia.
  • Para bajar la fiebre o calmar el dolor, los padres utilizamos antitérmicos o analgésicos siguiendo las pautas del pediatra.
  • La dosis se calcula teniendo en cuenta la edad y el peso del niño.
¿Por qué no deben darse medicinas sin control?

Una causa frecuente de emergencias son las sobredosis no intencionadas de medicamentos que sufren niños menores de cuatro años.

¿Qué hago si mi bebé coge un resfriado?

Los medicamentos solo alivian los síntomas, porque los catarros tienen su propia evolución. Por eso, es preferible aplicar algunos remedios caseros como:
  • Mantener al niño bien hidratado.
  • Colocar un humidificador en la habitación.
  • Limpiarle la nariz con suero salino y eliminar las secreciones con un aspirador nasal.
  • Evitar el exceso de calor y ventilar la casa varias veces al día.
¿Debo preocuparme si he medicado a mi hijo sin consultar al pediatra?

No, pero no debes volver a hacerlo. La mayor parte de los problemas relacionados con las medicinas surgen por dosis inadecuadas o excesivas. Nunca debe administrarse un fármaco que no especifique la edad sin consultar al pediatra.

Precauciones con los medicamentos
  • Guárdalos fuera del alcance de los niños.
  • Hay que seguir siempre las instrucciones del pediatra y no darles nunca medicinas de adultos.
  • Para prevenir posibles sobredosis, conviene saber cuáles son los ingredientes activos de cada medicamento. De este modo, nos aseguramos de que el niño no recibe dos o más fármacos con el mismo principio.
  • En niños menores de dos años, hay que evitar la administración de medicamentos para la gripe o la tos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Estrés durante el embarazo: cómo combatirlo

Los conflictos, las prisas y los agobios forman parte de nuestra rutina diaria. Durante el embarazo estas situaciones pueden producir estrés a la futura mamá. Descubre las claves para disfrutar de un embarazo tranquilo y sin agobios.

Cuando el estrés es intenso o se prolonga, puede perjudicar la salud de la embarazada y la del bebé. De hecho, las mujeres que presentan niveles altos de estrés durante el embarazo tienen más posibilidades de que sus bebés nazcan bajos de peso y, sobre todo, son más propensas a sufrir partos prematuros.

Además, el estrés hace que se tomen más medicamentos, sea más difícil dejar de fumar, que no se descanse, que la dieta es desequilibre..., todos ellos son hábitos que no resultan nada beneficiosos para una mujer embarazada.

¿Por qué surge el estrés?

El primer paso para combatir el estrés es averiguar qué lo provoca:

  • La causa más frecuente es el trabajo. Si antes del embarazo la mujer ya estaba agobiada, ahora esta sensación se puede incrementar: su estado le va a impedir continuar con el mismo ritmo, y el hecho de no estar al cien por cien y no llegar a todo puede estresarla aún más.
  • Las tareas domésticas y las dificultades para compaginar vida laboral y familiar también pueden generar agobio y nerviosismo en la futura madre, especialmente cuando hay niños pequeños a los que atender y no se cuenta con ayuda.
  • El propio embarazo es una fuente de estrés por todos los cambios que implica. La noticia genera tensión ante la responsabilidad que supone convertirse en madre. Además, los primeros meses hay cierto temor a perder el bebé que puede angustiar a la futura mamá. Los cambios hormonales provocan inestabilidad emocional y eso, unido a las náuseas, el sueño etc. que aparecen en esta fase puede aumentar el estrés.
  • Una crisis de pareja, la pérdida de un ser querido, una mudanza o las dificultades económicas pueden disparar el nivel de ansiedad de la embarazada.
Evita la tensión
  • Nerviosismo, dificultades para conciliar el sueño, pesadillas, ansiedad, desarreglos en la alimentación, irritabilidad, inestabilidad emocional... son síntomas que pueden hacernos sospechar que existe un problema de estrés. Sentirse más cansada de lo normal o quejarse de dolores difusos (de cabeza, de espalda) también pueden ser manifestaciones de una situación de este tipo.
  • El primer paso sería consultar con el ginecólogo para que confirme que todo va bien. La embarazada debe comentarle su estado de ansiedad, los síntomas que tiene, las preocupaciones que la agobian, y preguntar sobre todos aquellos aspectos del embarazo y del parto que nos atemorizan.
  • Cuando la angustia es intensa o se mantiene en el tiempo, conviene solicitar ayuda psicológica. La psicoterapia puede ayudar a descubrir los motivos y a superar miedos.
  • A menudo, pequeños cambios en la rutina diaria pueden favorecer una vida más tranquila y mantener alejados el agobio y la ansiedad. Aceptar las limitaciones que el embarazo impone, reducir la actividad y buscar el apoyo de los que nos rodean pueden ser buenos antídotos contra el estrés.
Claves para mantener el estrés a raya

1. Aprovechar los ratos libres para relajarse realizando actividades tranquilas
como leer, pasear o escuchar música.

2. Pedir ayuda a la pareja, a la familia y a los amigos.

3. Evaluar la posibilidad de contratar a una persona que colabore en la limpieza de la casa o el cuidado de los hijos.

4. Si hay problemas laborales, compartirlos con la pareja.

5. Dormir lo suficiente, llevar una dieta sana y practicar ejercicio regularmente.

6. No combatir el nerviosismo fumando, bebiendo alcohol o tomando más café. No consumir medicamentos sin consultar con el médico.

7. Hablar con otras mujeres de los temores que generan el embarazo y el parto: exteriorizar los sentimientos ayuda a rebajar la tensión.

8. Evitar en lo posible situaciones estresantes. Si hay previsión de cambios importantes, es mejor posponerlos.

9. En el trabajo, no tener miedo a decir «no», hacer pausas frecuentes, evitar estar mucho tiempo en la misma postura, no hacer horas extras y pedir ayuda en caso de sobrecarga.

10. No saltarse las clases de preparación al parto. La información que ofrecen, las técnicas de relajación que enseñan y la posibilidad de compartir experiencias con otras embarazadas son buenas armas para combatir la ansiedad.

Cada caso es distinto
No todos reaccionamos igual ante los mismos estímulos. La forma de ser, el modo en que cada uno se enfrenta a los conflictos y tensiones que se presentan, es determinante para evaluar las situaciones de estrés.
Los psicólogos afirman que cuando una persona tiene altos niveles de ansiedad es porque tiene una personalidad proclive a ello. Lo que es estresante para unas mujeres puede no serlo para otras.

¿Por qué se comporta así mi hijo?

Con un año los niños empiezan a actuar por sí mismos. El problema es que hacen y dicen cosas desconcertantes, o por lo menos eso nos parece a nosotros, los adultos que velamos por su seguridad y felicidad.

Porque, a ver, ¿qué encanto encuentra en tirar la cuchara al suelo 30 veces en dos minutos? ¿Por qué le da por desnudarse en los momentos más inoportunos? Puede que parezcan misterios sin resolver, pero todo tiene un porqué y conocerlo nos ayudará a saber cómo actuar.

El tiempo de mis papás es mío

En casa de Andrés es frecuente oír sus pataletas. Cada vez que mamá está leyendo o haciendo algo que requiere concentración y que papá sale al jardín a podar los setos o cualquier otra actividad que necesite hacer solo, él empieza a llamar la atención. ¿Quiere el 100% de su tiempo?

  • Por qué lo hace: No hay nada anormal en que los niños quieran ser el centro de atención. Lo malo es que lo consigan a través del chantaje. Según los psicólogos, esto suele ocurrir más a menudo cuando la rabieta les ha resultado rentable: la repetirán hasta que consigan su objetivo.
  • Cómo actuar: Ceder al chantaje, aunque resulte tentador en ocasiones, no hace más que reforzarle la idea de que, cuando quiera algo, no tendrá más que chillar y llorar si escucha un no por respuesta. Hay que demostrarle con hechos que, para conseguir lo que quiere, no hace falta llorar y que son papá y mamá los que deciden si se lo conceden y cuándo.
¡Ropa fuera!

Raquel, de 20 meses, parece encantada con su vestido nuevo. Pero en cuanto sus padres se dan la vuelta, le falta tiempo para levantárselo e intentar quitárselo. Da igual que esté en el parque, en la guardería o en casa. Parece que le gusta el exhibicionismo, público y privado.
  • Por qué lo hace: Probablemente no haya una razón oculta para este comportamiento, actúa así porque se encuentra más cómoda desnuda, la ropa le estorba.
  • Cómo actuar: Comprueba si el vestido le queda estrecho o los zapatos le rozan. Descartado este punto, explícale en qué consiste el pudor, aunque no con esa palabra. Aún no lo entenderá, pero poco a poco hay que hacerle ver que los demás niños no van desnudos por sus casas ni por la calle, igual que papá y mamá siempre llevan ropa.
¿Me montas en el carrito? Me las arreglo para bajarme

María tiene 20 meses y una habilidad especial para quitarse el cinturón de seguridad del carrito y deslizarse hasta bajarse sola. Una vez en tierra, se lanza a la carretera. ¿Qué pretende?
  • Por qué lo hace: Le gusta más andar que ir sentada y todavía no tiene conciencia del peligro. No es que intente sacar a mamá o a papá de sus casillas lanzándose a la calle, es que no entiende por qué no debe hacerlo.
  • Cómo actuar: Lo mejor es tardar un poco más en llegar a los sitios, pero hacerlo caminando. No está de más llevar también el carrito porque llegará un momento en el que se cansará. En cuanto al peligro de cruzar por donde quiera y cuando quiera, no queda otra opción que la vigilancia. Además, hay que decirle que hay unas normas que, de no cumplirse, pueden provocarle muchos problemas.
¿Y si hago una escapadita yo solito a la calle?

Mario tiene 23 meses. Ayer sus padres lo encontraron a las siete de la mañana intentando abrir la puerta de casa para salir a la calle. No era la primera vez. Hace una semana un vecino lo encontró en el ascensor. Fue cuando empezaron a cerrar con llave. ¿Es que quiere escaparse de casa?
  • Por qué lo hace: Tiene muchas ganas de salir al exterior para ir al parque a jugar. Y, por supuesto, quiere hacerlo en ese momento, sea la hora que sea y tenga o no a su lado un acompañante adulto.
  • Cómo actuar: Además de la medida lógica, la de cerrar la puerta con llave, explícale que hay cosas que no puede hacer solo, por el peligro que conllevan. Igual que todavía no puede conducir el coche de papá, cosa que hará cuando sea mayor, aún no es posible que salga a la calle sin sus padres. Puede perderse y que papá y mamá no lo encuentren, caerse y hacerse daño.
El juego de tirar la cuchara

Rubén tiene 16 meses. A la hora de comer, mamá lo sienta a la mesa y él coge la cuchara y la tira al suelo. Mamá la recoge, la pone en su sitio y... vuelta a empezar. ¿Duración del nuevo entretenimiento? Lo que mamá tarde en cansarse y quitarla de la mesa definitivamente.
  • Por qué lo hace: Para ir aprendiendo las distancias, para ubicarse en el espacio y porque está ensayando sus capacidades. Si se trata de un bebé algo mayor, de más de 18 meses, la razón podría ser otra: medir al adulto y comprobar qué control tiene sobre él. ¿Cuánto aguantará?
  • Cómo actuar: Según los psicólogos, la opción de los padres será explicarle que la cuchara es para comer y no se usa como objeto arrojadizo. Además, tendrán que intentar distraer su atención con otra cosa. En caso de que esté midiendo al adulto, una posibilidad es decirle que, si la tira, mamá o papá no van a recogerla. Además, las cosas del suelo no se utilizan para comer, así que si la vuelve a arrojar, ¿cómo comerá su plato preferido?
¿Por qué comerme el sándwich a mordiscos si me cabe entero en la boca?

A sus 22 meses, Alejandro ha decidido innovar a la hora de merendar: ahora se mete el sándwich entero en la boca en lugar de comérselo a mordiscos. Le cabe... así que, ¿por qué no?
  • Por qué lo hace: Aunque podamos creer que lo que le pasa es que está hambriento, posiblemente le ocurra lo contrario: no le interesa comer en ese momento y quiere acabar cuanto antes para seguir con lo que estaba haciendo. O, simplemente, está explorando las posibilidades de su boca... y las del sándwich.
  • Cómo actuar: Una opción es explicarle que así no puede comer porque es posible que le siente mal y entonces no podrá seguir jugando. Pero, además, habrá que enseñarle las normas a la hora de comer, con mucha paciencia y dando ejemplo.

Posible amenaza de aborto

Cuando una embarazada sangra durante el primer trimestre, mientras no se demuestre lo contrario, tiene una amenaza de aborto. La hemorragia se produce porque hay una zona de la placenta que se desprende. En función de la cantidad de superficie desprendida, será o no viable el embarazo. Si en la ecografía el embrión estaba vivo, debes tener reposo y no mantener relaciones sexuales.

Si sigues sangrando, consulta a tu ginecólogo para que te practique una exploración y vea si la hemorragia viene de la cavidad uterina. En este caso, te hará otra ecografía para valorar el estado del feto y si existe un hematoma y cuantificarlo.

Por: Dr. Pedro de la Fuente
Catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Autor del libro ‘Tratado de obstetricia y ginecología’.

sábado, 13 de septiembre de 2008

¿Cómo sé que no pasa hambre?

Es normal que sea tu hijo quien marque el ritmo de la lactancia. Lo que no es normal es que lo establezca como si fuera un reloj. Seguro que tus propias antepasadas no tenían reloj o, como mucho, poseían uno de arena, y fueron capaces de criar a sus hijos sin problema.
¿Cómo saber si hay que dar el pecho sin mirar un reloj? Observando al niño: si está tranquilo y feliz, será que no tiene hambre. Si el bebé abre la boca, se chupa los puños, protesta o busca el pecho (no es necesario que llore), probablemente quiere una toma. En caso de duda, dale el pecho; si no es el hambre lo que le inquieta, no mamará.

Los niños suelen tomar el pecho unas diez veces al día (de media, cada niño es un mundo y el número de tomas diarias es muy variable) y muy raramente lo hacen a intervalos regulares. Es decir, aunque algunos niños sí piden el pecho cada cuatro, cada tres o cada dos horas, es mucho más frecuente que mamen tres veces muy seguidas y después se echen un sueñecito más largo.
A veces sólo toman de un pecho y otras veces, de los dos. La composición de la leche varía a lo largo de la toma, de forma que 100 ml de un solo pecho no tienen la misma composición que 70 ml de uno y 30 ml de otro. Por eso, sólo ellos saben cuánto han de tomar de cada uno, y cualquier intento de control acabará en fracaso.
Olvídate de mirar el reloj y haz caso de tu hijo. Mientras le des de mamar cada vez que te lo pida, tendrás siempre la cantidad de leche que él necesita. ¿Cómo podrás saber si tu hijo tiene hambre? Él te lo dirá.

Por: Dr. Carlos González
Pediatra especializado en alimentación y lactancia materna