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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Alimentos buenos para el cerebro del niño

El cerebro, como cualquier otro órgano del cuerpo, necesita nutrientes para realizar sus funciones: aprender, memorizar, relacionar conceptos o concentrarse. Te contamos qué alimentos favorecen las capacidades mentales de tu hijo.

Para obtener la variedad de nutrientes, vitaminas y minerales que emplea el cerebro en sus distintas funciones, el niño debe tener una alimentación variada y equilibrada. La clave es comer de todo y realizar cuatro o cinco comidas al día.

Qué alimentos tomar

  • Entre los nutrientes másimportantes están las proteínas que obtenemos de la carne, el pescado y el huevo. Sus aminoácidos intervienen en la formación de neurotransmisores, una especie de mensajeros que comunican las neuronas entre sí.
  • Las vitaminas del grupo B, que se encuentran en la carne, el huevo, el queso, el pollo, el melón y el plátano, también intervienen en la formación de neurotransmisores.
  • El zinc, un mineral presente en las legumbres, la carne de cordero, los crustáceos y los frutos secos, agiliza la comunicación de las neuronas entre sí.
  • El calcio, un mineral que está en la leche y sus derivados, prepara las células del cerebro para el aprendizaje.
  • Otro mineral, el fósforo, que se está en los frutos secos, aumenta la capacidad de memorización.
  • La glucosa, que se obtiene principalmente de los hidratos de carbono como los cereales, las legumbres, las frutas y las verduras, es una especie de gasolina que proporciona energía al cerebro para funcionar y, además, mejora el estado de ánimo.
Claves para una buena alimentación
  • El desayuno a base de lácteos, cereales (pan, galletas o bollería casera) y fruta proporciona proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y calcio.
  • El bocadillo de media mañana (de queso, jamón, etc.) aporta hidratos de carbono, proteínas y grasas.
  • Hacer cuatro o cinco comidas al día asegura que el cerebro tenga glucosa y nutrientes en todo momento.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Claves para ser una familia feliz

Las personas felices tienen su propias fuentes de energía para conseguir que las cosas les vayan bien. Estos son algunos trucos sencillos para que la vida con niños sea más fácil y para que todos, padres e hijos, aprendamos a ser más felices. Debes evitar que el estrés te impida estar al lado de los tuyos. Para que la familia esté unida es muy importante pasar tiempo tiempo juntos. Disfrutar del ocio te ayudará a unirte a ellos, pero también lo hará compartir tareas y obligaciones.

1. Conocer lo que nos hace bien

Cuando las cosas no marchan sobre ruedas, es el momento de tirar de nuestras reservas de energía.

¿Cómo hacerlo?

Parece una tontería, pero si lo probamos, nos sorprenderá el resultado: pongamos a los niños a hacer un póster sobre "lo me hace bien cuando me va mal". Necesitas una cartulina grande, papel, colores, un pincel, revistas, catálogos, pegamento y tijeras. El niño puede pegar en la cartulina recortes de todo lo que le hace feliz, o bien puede pintarlo.

Es muy importante no interferir cuando el pequeño busca cómo relajarse. Cada uno tiene que averiguar por sí mismo lo que le hace bien. Por cierto, tampoco estaría nada mal que los padres también se fabricaran un póster de "lo que me hace bien cuando me va mal".

2. Expresar los sentimientos

La rabia, el dolor y la tristeza de los niños no desaparecen solos, aunque a los padres nos gustaría que fuera así de fácil. De hecho, sucede todo lo contrario, a veces, si los ignoramos estos sentimientos se vuelven más intensos, y para todos los implicados será más difícil manejarlos. Debemos:

  • Aceptar los sentimientos de nuestro hijo e intentar comprender por qué se siente así. Puede que esté estresado porque le exigen mucho en el cole, por problemas con sus amigos o porque no tiene suficientes cosas en su vida que le alegren la existencia.
  • Pensar en nuestras propias experiencias nos ayudará a entender cómo se siente. Hay que hacerle saber que le comprendemos y nos solidarizamos con él, pero sin caer en la tentación de darle consejos. Cuando se haya calmado, intentaremos encontrar formas adecuadas para expresar esos sentimientos.
  • Por ejemplo, si al pelearse con un amigo, nuestro hijo se ha disgustado tanto que le ha dado una patada, le ayudaremos a superar el sentimiento de rabia y le indicaremos cómo comportarse mejor la próxima vez.
3. Mantener bajo control las peleas entre hermanos

Aunque a veces nos parezca que nuestros hijos se pelean constantemente, la mayoría de las veces es mejor no entrometerse y dejarles arreglar solos sus problemas. Los niños que tienen libertad para arreglar sus diferencias, aprenden antes a imponerse, a negociar y a hacer las paces. Estos son algunos consejos que te pueden ayudar:
  • Quédate fuera de su campo visual. Así, evitarás las peleas "de mentira", en las que los niños pueden hacerse daño solo para provocar la intervención de un adulto. Cuando uno de los hermanos siempre sale perdiendo debes actuar. En ese caso debes confirmar al más fuerte su superioridad física y enseñarle a usar su fuerza para ayudar a los demás, no para imponer su voluntad.
  • Conviene que cada niño tenga su propio círculo de amigos. Los hermanos pueden jugar juntos, pero no tienen por qué hacerlo.
  • Es importante dedicar a cada uno de los niños, como mínimo, una hora y media en exclusiva a la semana. El niño debe darse cuenta de que ese tiempo es solo para él, aunque hagamos alguna tarea mientras tanto. Esta dedicación hará que se sienta más querido y le aportará equilibrio emocional.
4. Confiar en las facultades de los niños

Debemos pensar muy bien si es estrictamente necesario decir "no". Si no es realmente adecuado, es mejor dejar hacer al niño. Te sorprenderá lo bien que se arregla solo y cuánto sosiego aporta esta regla a nuestras vidas.

5. Regalar recuerdos

El día de su cumpleaños sería un bonito regalo escribir a nuestro hijo una carta relatando los acontecimientos más importantes, sus progresos y sus actividades favoritas a lo largo de todo el año. De esta manera, el niño tendrá una versión muy individual de la historia de su vida.
Al cumplir los 18 años, como regalo especial, podemos encuadernar todas las cartas en forma de libro.

6. Repartir las tareas de casa

Primer paso: Haz una lista de los trabajos domésticos y dale una copia a cada miembro de la familia
. Al lado de cada tarea, escribirá su nombre la persona que decida asumirla.

Segundo paso:
Cada uno anota junto al trabajo si...
  • Le gusta.
  • No le gusta demasiado.
  • No le gusta en absoluto.
Tercer paso: Todos los miembros de la familia deben dar su opinión y valorar los trabajos que ellos no han marcado. Es el momento de intercambiar tareas o llegar a acuerdos. En cuanto a los trabajos que nadie quiere hacer, se recomienda establecer turnos. Podéis cambiar las tareas cada determinado tiempo para que pasen por todos sin que nadie se sienta discriminado por ser el único al que le ha tocado.

Cuarto paso: Se llega a un acuerdo en cuanto al periodo de tiempo para asumir las nuevas tareas. Después se intercambian opiniones y, si fuese necesario, se fijan cambios y mejoras.

Quinto paso: A los niños les costará menos cumplir con lo acordado si el grado de dificultad de las tareas sube de vez en cuando, esto es, no mandarles siempre las cosas como sacar la basura o secar los platos. A muchos les resultan más atractivas las tareas de más responsabilidad, como poner y vaciar la lavadora, cuidar las plantas o cocinar. También les encanta todo relacionado con las cuentas y el dinero.

7. Aliviar las penas infantiles

Los juegos de rol pueden enseñar a nuestros hijos a afrontar las situaciones difíciles de la vida. Para ello, relata de forma breve una situación algo complicada, similar a la que en estos momentos inquieta al niño. Puedes cambiar los nombres de las personas o lugares implicados para que sea más abstracto.

Por ejemplo: "Vamos a jugar al recreo. Tú eres un chico al que le encantaría jugar al fútbol, pero el balón es mío y no quiero que juegues con nosotros. ¿Qué harías?".

8. Sobrellevar el aburrimiento
  • El aburrimiento forma parte de la rutina diaria de los niños. Nuestro papel consiste en pasar esos ratos junto a ellos.
  • Esos periodos en los que no se sabe qué hacer dan mucho juego para ser creativos, pero eso no quiere decir que sean fáciles: el aburrimiento provoca sentimientos desagradables y pone a los niños nerviosos y quejicas.
  • Si tu pequeño es capaz de soportar la tensión interior, finalmente intentará remediar la situación por sí mismo.
  • De estos ratitos puede surgir cosas tan extraordinarias como una casa de muñecas de varios pisos hecha con cajas de zapatos.
9. Mantener la calma

En el día a día de la educación de los hijos hay que reaccionar con rapidez. Te ofrecemos algunas ayudas simbólicas que te pueden orientar:
  • Tener siempre una brújula a mano. Nos indica la dirección y mantiene el rumbo educativo incluso en momentos de alta tensión. Para disponer de ella debemos fijar las metas educativas y de relación que queremos conseguir y pensar qué camino nos puede llevar hacia esa meta.
  • Pulsar el botón de pausa. En teoría, significa actuar conscientemente en lugar de reaccionar de forma automática. En la práctica equivale a esperar un momento y preguntarse: ¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo debería reaccionar yo?.
10. Establecer la base del orden
  • La palabra "primero" es esencial en la educación. "Antes de jugar en el salón, recoge primero los juguetes de tu cuarto". "Antes de salir, primero hay que ponerse las botas". Con este tipo de instrucciones ayudamos a nuestro hijo a organizar su vida diaria y a saber en qué orden hacer la tareas.
  • Lógicamente, la pregunta es saber cuánto tiempo tiene que pasar hasta que la estructura correspondiente se haya formado en la cabeza del niño. Esta estructura organizativa no se fijará en la cabeza del niño hasta que sea mayor porque la parte del cerebro que contiene funciones como planificar, organizar, tomar decisiones y fijar prioridades es la última que se desarrolla.
  • Por eso, hasta entonces, no nos quedará más remedio que insistir y repetirles todos los días lo mismo.

¿Guardería o cuidadora?

Todos sabemos que el cuidado y la atención son muy importantes en los primeros años de vida de un bebé. Por esta razón, cuando la madre, en su mayoría, tiene que volver a incorporarse al trabajo, siempre resulta difícil decidir quién cuidará al pequeño de la familia. Algunas familias pueden optar por dejarlo a los cuidados de un familiar, los abuelos o los tíos, pero normalmente los padres tienen solamente dos opciones: dejar a su bebé a los cuidados de una cuidadora o niñera, o a la atención de una guardería o parvulario. No siempre resulta fácil decidir, ya que tanto el factor económico o el funcional, pesa sobre la elección que tengan los padres.

Ventajas y desventajas de elegir una cuidadora

Elijan lo que elijan los padres siempre encontrarán ventajas y desventajas en todo. Si los padres optan por una cuidadora, seguramente sabrá que les costará más caro contratar cuidado y atención individualizados a su bebé. Una atención personalizada y constante, en ambiente familiar y conocido, creará vínculos más fuertes y estables del bebé con su casa y con la persona que lo cuida. Por norma general, esta opción es la más adecuada para los padres que son obligados a estar muchas horas fuera de casa. Contratar a una cuidadora también está más indicado a los que desean conservar el ritmo y la filosofía de la familia. Son padres que exigen que la cuidadora siga el tipo de educación que ellos quieren dar al bebé.

Una de las desventajas de contratar a una niñera es el coste económico. Además, muchos creen que estando el bebé con una sola persona todo el día, recibirá poca estimulación. Así como también no fomentará su socialización con otros bebés.

Ventajas y desventajas de elegir una guardería

Cuánto antes los bebés tengan contacto con otros bebés, mejor. Así opinan los padres que creen que la socialización de su bebé es muy importante, y que por ello, eligen una guardería para cuidarle y atenderle. Otra ventaja es la estimulación. En una guardería, el bebé adquirirá destreza social, emocional, y motriz, necesidades básicas para su desarrollo. Todo eso favorecerá a su proceso de aprendizaje. En una guardería, es más fácil que el bebé aprenda las normas sociales como saber compartir, aprender a comer de todo, a jugar y a comportarse bien. Y aunque contraiga más enfermedades que los niños que están en casa, eso ayuda a que su sistema inmune se fortalezca. Los padres pueden elegir guarderías públicas o particulares. Normalmente existe mucha vigilancia tanto en una como en la otra.

En razón de que es la guardería la elección preferida por los padres, el conseguir una plaza en una guardería es hoy uno de los grandes problemas que muchos padres tienen que enfrentar. Las listas de espera se incrementan y los horarios no siempre consiguen adaptarse a los horarios de trabajo de los padres. Además, otra desventaja es cuando el bebé se queda enfermo. Al compartir instalaciones con otros niños, siempre existe el riesgo de padecer alguna enfermedad. En este caso la guardería no se responsabiliza por bebé. Los padres deberán buscarlo para cuidarlo en casa, por una cuestión de seguridad y protección a los demás bebés. El bebé podrá contagiar a los demás niños de la guardería.

Via: guiainfantil

Niños: Ayúdale a controlar su agresividad

Un juguete en manos de un amigo es suficiente para que un pequeño de un año le pegue o le muerda para conseguirlo. La agresividad es normal a esta edad porque los niños aún no han aprendido a dominar sus impulsos. ¿Es posible controlarla?

Cuando cumplen un año, la autonomía física que logran cuando aprenden a caminar y a utilizar su cuerpo, les impulsa a utilizar la fuerza para satisfacer sus deseos. Ciertas dosis de agresividad son normales a esta edad, los niños todavía se guían por sus instintos, son egocéntricos y les cuesta tener en cuenta a los demás, por eso reaccionan de forma agresiva cuando se sienten frustrados.

Muchos padres no sabemos qué hacer, ¿como lograr que no muerdan o golpeen a otros niños? Aprender a afrontar las conductas agresivas de los niños requiere mucha paciencia, tiempo y perseverancia, pero es importante para ayudarles a superar esta etapa.

Estas son algunas de las situaciones en las que se manifiesta la agresividad infantil.

Pega por diversión

"Cuando le tenemos en brazos a veces nos suelta un manotazo o nos da un tirón de pelos. No parece que actúe con mala intención, sino por divertirse, porque casi siempre se ríe al hacerlo".

¿Qué hacer?

No hay que dar demasiada importancia a ese comportamiento, ya que se trata de un niño muy pequeño, pero eso no quiere decir que haya que consentírselo. Tenemos que ponernos serios y decirle que no se pega e inmediatamente retirarle la atención y suspender momentáneamente la comunicación con él.

  • No conviene dar gritos ni hacer aspavientos, porque pueden servirle de aliciente y fomentar la agresividad.
  • Procura actuar siempre de la misma forma, de modo sistemático, y que lo hagan igual todos los adultos que tienen contacto con el pequeño.
Se golpea

"Cuando mi hijo se enfada porque no le consiento algo, coge una rabieta y se golpea contra el suelo o los muebles".

¿Qué hacer?
  • A esa edad los niños apenas controlan sus emociones, especialmente cuando se sienten frustrados, y los que tienen un fuerte temperamento pueden llegar a esos extremos.
  • Asegúrate de que tu hijo no se haga un daño serio. Incluso puedes prepararle un lugar blando y protegido, donde dejarle en esos momentos.
  • No le dejes imponer su voluntad, ya que entonces no cambiará su mal comportamiento.
  • Tampoco hay que someterle a más frustraciones de las necesarias, pero eso no quiere decir que haya que consentírselo todo.
  • Debemos tratarle con mucho cariño y serenidad, sin perder los nervios, para que él aprenda a controlar los suyos.
Muerde

"Nuestro hijo empezó a morder cuando le salieron los primeros dientes. Lo hace sobre todo cuando se enfada, pero otras veces lo hace por las buenas. Tenemos miedo de que muerda a sus compañeros cuando llegue el momento de llevarle a la escuela infantil".

¿Qué hacer?
  • Lo mejor es retirar al niño y decirle con calma y firmeza: "¡eso no se hace!", pero no hagáis demasiados aspavientos, porque pueden funcionar como estímulo. Acto seguido hay que procurar desviar su atención con juguetes o canciones.
  • Si vemos que el hábito persiste y se hace demasiado frecuente, habrá que cambiar el procedimiento: cada vez que muerda, hay que suspender inmediatamente la comunicación con él, darle la espalda y alejarse. Todos los adultos en contacto con el niño deben ponerse de acuerdo para reaccionar de la misma manera.
  • No hay que llamarle "malo", ni darle unos golpecitos en la boca. Tampoco debes devolverle el mordisco para que él también vea que duele.
  • Es conveniente es que el niño tenga un sitio para jugar y desfogarse libremente, de modo que no acumule tensión que luego desahogue de esa manera.
  • El hábito de morder suele desaparecer con el tiempo, pero a veces es muy persistente. Si el niño empieza la escuela infantil, deberías advertir a los educadores para que anden sobre aviso.
Dominar los impulsos
  • Desde el primer año de vida y hasta los tres años aproximadamente, los niños tienen que aprender a autorregularse. Cuando muerden, arañan o pelean ponen a prueba su capacidad para controlar sus impulsos frente a determinadas situaciones.
  • No nacen sabiendo dominar sus emociones y sus deseos. Aprenden a controlarlas a medida que se relacionan con los adultos y con otros pequeños, en situaciones sociales y espacios como la escuela infantil.
  • El mejor modo de ayudarles es predicar con el ejemplo. Debemos mantener la calma y no responder a su agresividad con la nuestra.
  • Es importante ayudarles a superar esta etapa para que sepan modular sus impulsos y frustraciones en años posteriores.
Agrede a los amiguitos

"Cuando nuestro hijo está con otros niños de su edad tenemos que andarnos con mucho ojo porque a la mínima contrariedad pega o incluso araña. ¿Debemos preocuparnos?".

¿Qué hacer?
  • Con un año es normal que ocurran estas cosas porque sus reacciones y comportamientos son aún muy primitivos. El niño todavía no puede usar el lenguaje para hacerse entender ni para resolver conflictos. Por eso, su agresividad es la única manera que tiene para expresar lo que quiere.
  • También es una cuestión de temperamento: hay niños muy movidos e impulsivos, y hay otros más tranquilos.
  • Está bien que los padres le reprendáis diciendo: "no hagas eso", "hace daño", "pegar está mal". Hay que hacerlo con cariño pero también con firmeza. Y, nunca decirle: "ya no te quiero".
  • Si persiste en pegar, se le puede retirar momentáneamente de la situación, pero eso no quiere decir que debamos prohibirle jugar con otros niños. Tu hijo tiene que estar en compañía de otros niños para aprender a estar en grupo y respetar a los demás. Pero, por ahora, necesitan que estemos presentes para prevenir choques y limar asperezas. A veces no hace falta separarle del grupo: basta con distraerle y animarle a cambiar de actividad.
  • También conviene que aprenda a decir "no", "no quiero" y "es mío" cuanto antes, de modo que las palabras sustituyan eficazmente a la acción impulsiva. Además, debemos enseñarle a pedir las cosas en lugar de quitarlas.
  • Es muy importante elogiarle generosa y expresivamente cuando juegue y se comporte adecuadamente con otros niños, y enseñarle maneras de ser amable.
  • Y, sobre todo, hay que ser paciente, porque lo normal es que aún no se controle y que su comportamiento sea un tanto imprevisible.
¿Le damos unos azotitos?

"Nuestra hija nos pega cuando no se sale con la suya. Nosotros le reñimos y le damos golpecitos en el pañal, aunque hay quien nos aconseja que le demos un par de buenos azotes para que deje ese vicio".

¿Qué hacer?

No solo no hay que darle unos azotes, sino que tampoco hay que pegarle golpecitos en el pañal. Aunque parezcan poca cosa, los niños son unos grandes imitadores y esos golpecitos son suficientes para que el pequeño crea que es un modo válido para comunicarse.
  • Cuando un niño haga eso, hay que decirle con firmeza: "no se pega".
  • Si persiste en su agresividad, lo que se puede hacer, sin perder la serenidad, es apartarle de nuestro lado, llevarle a su cuarto, o dejarle allí solo si está en él.
  • Hay que actuar de modo sistemático.
  • Cuando el comportamiento de pegar forma parte de una rabieta, nunca hay que permitir que consiga algún propósito por ese procedimiento.
  • Una vez que la crisis haya pasado, hay que volver a ser cariñosos con el niño, sin rencor, como si no hubiese pasado nada. Y, por supuesto, hay que ser cariñosos también el resto del tiempo.
¿Nene malo?

"Cuando regañamos a nuestro hijo de un año se da cachetes a sí mismo y dice "nene malo". Nosotros nunca le hemos pegado, nos limitamos a reñirle y a decirle que es malo cuando se porta mal".

¿Qué hacer?

Si un niño se abofetea a sí mismo, podemos abrazarle y decirle que no se pegue, porque él no es malo, sino bueno, y nosotros le queremos mucho. Si le decimos que es "malo" él se lo tomará al pie de la letra y adoptará comportamientos autoagresivos.
  • Los niños pequeños necesitan mucho cariño, y no solo de palabra, sino también a través del tacto: besos, caricias, achuchones y contacto corporal. También hay que dedicarles compañía y tiempo para que la educación no sea fría y racional y no exigirles un autocontrol prematuro para su edad.
  • Con los niños de un año no son eficaces las regañinas; aún tienen una capacidad muy escasa para obedecer las órdenes, instrucciones o prohibiciones verbales. Cuando deseamos impedir que hagan algo lo mejor es decirles con firmeza "eso no se hace" o "eso no se toca" y simplemente retirar el objeto en cuestión o retirarles a ellos del lugar o situación.
  • Solo a base de tiempo y paciencia las instrucciones acabarán por surtir efecto.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Cuándo ponerle aretes a la bebé

Tienes una linda bebé en tus brazos, ya tienes su ropita, sus gorritas, sus accesorios, pero a ese lindo rostro le hace falta unos aretes para completar el cuadro; es allí cuando surge la duda de cuándo es recomendable hacerle los orificios en las orejas.

Los aretes recomendables son de oro macizo y evitar los enchapados en oro o de otros materiales para prevenir infecciones y/o alergias. El modelo de los aretes, lo mejor son los redondos pegados a la oreja, evite los aros que pueden engancharse con la ropa o con los dedos de la bebé; el seguro debe ser el de presión que cubre toda la parte de atrás del arete.
Se pueden hacer los orificios en las orejas de la bebé a partir de las 48 horas de vida, lo ideal es hacerlo antes que las den de alta del hospital y que lo realice una enfermera con experiencia, con la finalidad que usted esté tranquila. Si no pudo hacerlo, puede hacerlo en cualquier otro momento.

El procedimiento es sencillo, se perfora los lóbulos de las orejas; obviamente duele pero si lo hace una persona con experiencia será algo rápido y sin problemas. No se usa anestesia para este procedimiento, pero si usted gusta puede solicitar que le apliquen una crema anestésica. Una vez que se hayan colocado los aretes no deben retirarse hasta luego de 6 semanas.

Luego de cada baño asegúrese que la zona de los orificios esté seca, y pase un hisopo humedecido con alcohol por delante y detrás de ellos. Si nota que su bebé tiene picazón, dolor, sangrado, olor desagradable, el área se encuentra enrojecida o inflamada debe acudir al pediatra porque su bebé puede estar teniendo una reacción alérgica o una infección.

Via: webdelbebe

Anorexia nerviosa y embarazo


¿Qué es la anorexia nerviosa?

La anorexia nerviosa consiste en una alteración de la conducta alimentaria que se caracteriza por el rechazo a mantener el peso corporal dentro de los valores mínimos normales.

¿Cuáles son sus características?

Las principales características de la anorexia nerviosa son:
• Rechazo a mantener un peso corporal mínimo adecuado
• Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso
• Alteración significativa de la percepción del cuerpo o silueta corporal
• Ausencia de al menos tres ciclos menstruales seguidos (amenorrea)

¿Cómo se produce la pérdida de peso?

Generalmente la pérdida del peso se consigue mediante una disminución de la ingesta total de alimentos. Los anoréxicos comienzan a excluir de su dieta todos los alimentos con alto contenido calórico, la mayoría cursa con una dieta muy restringida, limitada a unos pocos alimentos. También utilizan otras formas de perder peso como la utilización de purgantes, laxantes y vómitos provocados. También el ejercicio físico excesivo es uno de los elementos que recurren los pacientes.

¿Qué factores la predisponen?

La vulnerabilidad de la adolescencia, los problemas familiares y sociales pueden combinarse con un clima social determinado para originar la conducta alimentaria típica de los anoréxicos, la pérdida de peso conduce a la malnutrición y ésta a su vez conduce a los cambios físicos (disminución del peso) y emocionales (irritabilidad y cambio de carácter).

¿Cuál es el grupo más vulnerable?

Las mujeres jóvenes constituyen el grupo más vulnerable, habitualmente se desarrolla en la adolescencia y juventud temprana, pero también puede ocurrir después de los 40 años. Los trastornos de la conducta alimentaria pueden ocurrir a cualquier edad y en determinadas situaciones (en particular de cambio) pueden precipitar la aparición de los síntomas. El embarazo y la maternidad son una de esas situaciones. También puede existir que una paciente anoréxica se embarace dando lugar a diferentes situaciones que traen consigo situaciones lamentables para la madre y el niño.

¿Qué sucede con la mujer embarazada?

El miedo a engordar asociado al embarazo o la mayor predisposición para el vómito se constituirán en elementos negativos durante todo el embarazo y el puerperio. Existe en algunas pacientes la remisión o disminución de este trastorno alimentario durante el embarazo pero con la reanudación del mismo luego del parto.

¿Cuáles son los síntomas de una embarazada anoréxica?

En una embarazada anoréxica se pueden observar los siguientes síntomas que indican este trastorno nutricional:
• Inadecuada ganancia de peso durante todo el embarazo
• Bajo peso al nacer del niño y muerte prenatal
• No hacerse cargo del bebé una vez producido el parto
• Preocupación extrema relacionada al peso del hijo

¿Cuál es el tratamiento?

La mujer anoréxica necesita la atención de un equipo interdisciplinario que pueda acompañarla y prepararla no sólo durante el embarazo, sino también en el puerperio y en la relación madre-hijo.
Además será indispensable un mayor control obstétrico y psicológico, un seguimiento nutricional adecuado, la suplementación de vitaminas y minerales previo al embarazo y durante el mismo.
Aconsejar a las pacientes a resolver el trastorno alimentario antes de embarazarse y trabajar durante todo el embarazo y puerperio para evitar recaídas.

Via: babysitio

¿De qué tienen miedo los niños?

Muchos niños se asustan de lo que no conocen y solo se sienten seguros con papá y mamá. Nuestro apoyo, proximidad y consuelo son las mejores herramientas para que superen sus miedos. Suele decirse que cuando de verdad aparecen los miedos infantiles es a partir de los dos años, porque a esta edad cobran protagonismo la fantasía y la imaginación de los pequeños. Pero eso no quiere decir que los niños no tengan miedo antes. Con un año, la mayoría de sus temores tienen que ver con el miedo a que les abandonen, por eso debemos intentar que se sientan seguros.

Los miedos más comunes

1. Juguetes

  • Algunos muñecos pueden provocarles pánico por su tamaño, por su expresión o por sus colores.
  • A muchos niños pequeños los payasos les causan un terror incontrolado. Su maquillaje, sus movimientos, sus voces, sus ropas y sus zapatones, diesñados para sorprender, no siempre divierten a los chiquitines.
2. Tijeras

También son muy frecuentes los temores a que les corten las uñas o el pelo con esas tijeras tan temibles. A esta edad todavía no tienen del todo claro qué duele y qué no, ni saben muy bien qué es propiamente su cuerpo. Por eso la tijera puede parecerles un arma terrible y el proceso del corte una feroz amputación.

¡Y qué decir de máquinas y electrodomésticos! La aspiradora, la batidora, la maquinilla de afeitar y otros ruidosos artefactos son capaces de ponerles los pelos de punta.

3. Separación

El temor a la separación es uno de los miedos más característicos de los niños con un año. Se manifiesta de diferentes formas. Una de ellas es la dificultad para despedirse de nosotros cuando tenemos que ausentarnos.
  • Cuando salgamos de casa, debemos despedirnos del niño aunque llore y le cueste. Así sabrá que puede confiar en nosotros y tendrá la seguridad de saber cuándo estamos en casa y cuándo no.
  • Si nos escapamos a escondidas se sentirá engañado. Además, su inseguridad será mayor porque, en cuanto no nos vea, tendrá la inquietud de que podemos habernos ido. Esto puede provocar que se nos pegue todo el día como una lapa y no soporte perdernos de vista. Si eso sucede demasiado a menudo, puede indicar un apego inseguro y ansioso.
  • Jugar al escondite puede ser de gran ayuda, ya que le hace sentir que podemos quedar fuera de su vista sin que por eso desaparezcamos del mapa.
  • Es bueno que se acostumbre a entretenerse solo algunos ratos. Le ayudará vernos aparecer de vez en cuando y oír nuestra voz desde otra habitación. Si tiene la tranquilidad de que estamos cerca y siente que puede contar con nosotros, pronto empezará a explorar el mundo por su cuenta.
4. Extraños

El miedo a los extraños es muy típico de esta edad, es otra forma que adopta el miedo a la separación y empieza a manifestarse incluso antes del primer cumpleaños.
  • El niño puede reaccionar aferrándose a nosotros cuando se encuentre ante personas desconocidas o a las que ha tratado muy poco. Debemos aceptar esta reacción como algo natural y saludable, ya que no tiene nada de extraordinaria.
  • Nuestro pequeño puede tener esta reacción en un primer momento, incluso cuando llegan los tíos o los abuelos. Nunca debemos tomárselo a mal, sino respetar la distancia y el ritmo que el niño necesita. Hay que dar tiempo al tiempo y dejar que el pequeño se acerque progresivamente a los suyos sin forzar las cosas.
  • Las gafas, las barbas, los bigotes, una gran estatura, una voz fuerte... pueden intimidar a nuestro hijo. Incluso que mamá se tiña el pelo o que papá vuelva de viaje con perilla, puede provocarle momentáneamente desconcierto y hasta temor. Dejemos pasar un poco de tiempo y todo volverá a la normalidad.
5. Oscuridad

El miedo a la oscuridad también es consecuencia del temor a la separación que puede empezar a inciarse a estas etapas. En realidad es un miedo a quedarse solo ante lo desconocido sin el amparo de papá y mamá.
  • Es mejor no dejarle llorando en su habitación con la idea de que ya se le pasará, porque confirmamos su temor al abandono, que es en realidad la base de su miedo.
  • Podemos volver para que compruebe que seguimos ahí, pero tratando de ampliar progresivamente los ratos que es capaz de permancer solo antes de dormirse.
  • La puerta abierta, una luz en el pasillo o un peluche que le acompañe también serán de ayuda.
  • Hacerle entender que en la oscuridad no hay nada y que papá y mamá están en la habitación de al lado no servirá de nada porque el niño es demasiado pequeño para comprenderlo. Aunque no está de más decírselo.
  • Debemos tranquilizarle con mucho cariño y quedarnos a su lado el ratito que sea necesario.
Mimos y comprensión

A esta edad, las explicaciones con la intención de controlar sus miedos no sirven de gran cosa porque todavía no son capaces de comprenderlas bien.
  • Por ejemplo, ante el miedo a lastormentas, lo que necesita un niño en ese momento es nuestra compañía y consuelo. Debemos acariciarle y explicarle que no pasa nada, que las nubes se están peleando. Podemos inventarnos un cuento muy sencillo sobre el tema en el que todo se resuelva felizmente. Quizás lo entienda todo a medias, pero nuestra presencia hará el resto.También podemos jugar a hacer ruidos con la boca y las manos o golpear un tambor. El juego y la risa son armas eficaces para combatir los miedos infantiles.
  • Un buen abrazo es un consuelo seguro. Nuestro contacto y nuestros brazos son el mejor refugio. El contacto físico es un modo de demostrar amor, y si habitualmente es necesario, aún lo es más como receta contra el miedo.
No hay que forzar al niño
  • Tenemos que entender que el miedo es algo natural, sobre todo en los niños. Al cabo de un tiempo se va por donde ha venido.
  • No hay que avergonzarles ni hacerles sentir que sus temores son incorrectos. Debemos consolarles y transmitirles seguridad.
  • Tampoco hay que obligarles a enfrentarse a lo que les asusta. Aunque si con nuestro apoyo y protección se sienten más valientes, hay que animarles. Si el niño no quiere que le coja el rey mago pero se atreve a saludarle desde nuestros brazos, estupendo.
  • No debemos utilizar sus miedos para controlarles. Decirles "como no te portes bien me marcho y te dejo solo", es cualquier cosa menos un buen recurso educativo.
  • Procuraremos no contagiarles nuestros temores. Si nos asustan los perros, sería bueno que el niño estuviese acompañado por otra persona que le inspire seguridad cuando nos encontremos con uno.