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martes, 21 de abril de 2009

Los gritos también dejan huella en la personalidad de los niños

Siempre que se habla de maltrato infantil la imagen que viene a nuestras cabezas es la de un padre o madre golpeando a su hijo, sin embargo hay otro tipo de maltrato que no deja huella física pero sí psicológica, el llamado maltrato psicológico.

Un reciente estudio llevado a cabo por científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social de Boston (EEUU) muestra que no hace falta pegar a un menor para dejar señales de por vida en su personalidad, sino que basta con gritarle.

Los científicos revelaron que no esperaban los resultados obtenidos. Según comentó la directora del estudio: “Esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera efectos en la vida adulta”.

sábado, 18 de abril de 2009

Cuándo duermen los bebés toda la noche

Al nacer un bebé, y aunque estamos avisados, las horas de sueño de los papás pasan a ser un bien demasiado preciado. Los bebés se despiertan a todas horas (o tenemos esa impresión) y dejan dormir poco.

Esto supone que los adultos vivamos a veces como auténticos zoombies y que nos preguntemos cuándo dormirán toda la noche.

Voy a tratar de explicarlo, aunque desde ya aviso que no suele ser cuestión de meses.

Hace unas semanas invitaba a la reflexión explicando que los bebés son, aunque cueste a veces hacerse a la idea, animales mamíferos. Nacen con un desarrollo cerebral muy precoz y con unos automatismos y necesidades cuyos horarios son poco compatibles con los nuestros.

Y claro, nosotros tenemos unas obligaciones que cumplir y un tiempo muy limitado para descansar (o dormimos de noche o ya no dormimos) y los despertares de los niños suponen una molestia para los padres. Pero ellos no tienen la culpa. El problema es nuestro.
Cómo es el sueño de los bebés

Desde que nacen y hasta los 4-6 meses, el sueño de los bebés es bifásico (dos fases), mientras que a partir de entonces pasa a tener 5 fases, como tenemos los adultos.

El hecho de que su sueño sólo alterne dos fases hace que se despierten a menudo, ya que al acabar las dos fases se despiertan para comer, para promover el contacto y el vínculo y para evitar peligros (ellos no saben que no hay peligro y necesitan la seguridad de saber que sus cuidadores están cerca).

El niño cumple entonces la edad de 4-6 meses y su sueño empieza a cambiar. Aparecen nuevas fases a su sueño que le despiertan a menudo durante la noche.

Aunque pueda parecer mentira, nosotros los adultos, que tenemos esas mismas fases, también nos despertamos a menudo durante la noche. La diferencia está en que nosotros no nos damos cuenta (nos giramos en la cama, nos tapamos,…) y ellos, al no saber volverse a dormir se despiertan.
Si no sabe hay que enseñarle ¿no?

La mayoría de métodos para que los niños duerman tienen como objetivo enseñar a dormir a los bebés. Esto es un sinsentido, pues los bebés ya saben dormir. En la barriga de mamá ya lo hacen y de recién nacido lo siguen haciendo.

Ahora bien, si acabo de decir que las nuevas fases les provocan despertares que no saben gestionar, parece que como no saben, haya que enseñarles.

Lo cierto es que no todo lo que alguien tiene que aprender debe ser enseñado por otra persona. Los niños tienen que aprender a respirar al nacer, y nadie les enseña, tienen que aprender a masticar hacia los seis meses y nadie les hace mover la mandíbula, tienen que aprender a andar y nadie les enseña a hacerlo.

Pues el sueño de los niños es igual. La mayoría de personas dormimos toda la noche del tirón y nadie nos ha enseñado. Es una cuestión de maduración. Cuando estén preparados para hacerlo lo harán.

El sueño de los niños es evolutivo, cambia a medida que el cerebro del bebé lo hace y lo quieras o no, pasará de la A a la Z (ZzZzZz) tarde o temprano, pero para llegar a la Z debe pasar antes por todas las demás letras del abecedario.

Los consejos y métodos que recomiendan “saltarse las letras”, es decir, hacerles dormir del tirón forzando un aprendizaje, no tienen en cuenta el desarrollo normal de los patrones de sueño ni las necesidades afectivas de los padres y bebés.

Estos métodos tratan de hacer dormir a un niño de 6 meses como si tuviera 6 años, saltando todos los pasos que requiere para lograr un sueño saludable, sin miedos, insomnios, ni pesadillas evitables, y de una manera desagradable, dejando desatendidos y llorando a la mayoría de niños (que si aún fuera divertido…).

Es enseñarle a reprimir sus necesidades y a callarse sus inconformidades, en otras palabras, a guardarse para sí sus problemas porque los demás hacen caso omiso de ellos. Lo irónico es que luego, en la edad adulta, la recomendación es la contraria: “saca afuera tus problemas, que si te los vas tragando y la bola se hace cada vez más grande, llega un momento que explotas”.

Respondiendo a la pregunta con la que iniciamos la entrada, lo cierto es que hasta los 2-3 años los niños no empiezan a dejar atrás los despertares. Algunos niños lo harán antes y otros lo harán incluso después, de manera natural y sin necesidad de intervención de ningún tipo.

Via: bebesymas

Los primeros meses con el bebé 10 consejos para hacerlo más fácil

Para poder con todo: el bebé, la pareja, la casa... las madres necesitan mucho tiempo, paciencia, energía y buenos consejos. Estas recomendaciones te ayudarán a disfrutar de los primeros meses con tu pequeño.

Aprender a aceptar la ayuda que nos ofrecen los demás, saber cómo calmar al bebé cuando llora o favorecer un ambiente tranquilo y sin estrés son algunos de los aspectos a tener en cuenta en este periodo de adaptación

1. Los primeros días son para la madre y el niño

Cuanto menos molesten a la mamá durante los primeros días y las primeras semanas con su hijo en casa, más fácil será que ambos se conozcan mutuamente. Poner el contestador automático cuando le damos de mamar o el biberón, o cuando estamos descansando, es una forma de estar a solas con él.
De las relaciones con el exterior debe ocuparse el padre durante esta primera temporada. Él también debería procurar que no haya demasiadas visitas molestas. La familia y los amigos más cercanos querrán ver al bebé, pero siempre se puede programar una especie de régimen de visitas que nos podremos saltar cuando queramos. No se trata de ser demasiado estrictos, sino de ser felices y disfrutar de los primeros días de vida de nuestro hijo.

2. Aceptar todas las ofertas de ayuda

Gracias a la alegría por el nacimiento de un hijo y una mezcla especial de hormonas, muchas madres parecen llevar sorprendentemente bien la falta de sueño, las fuertes emociones y los nervios que ocasiona la llegada del bebé. Pero no sobrevaloremos las reservas de energía.
Después de muy pocas semanas, la sobredosis de adrenalina se ha terminado y deja paso al agotamiento casi de un día para otro. Por eso, no es cuestión de hacerse la vida más difícil innecesariamente, queriendo convencer a los demás de que solas podemos con todo. Pedir ayuda no nos desprestigia como madres, todo lo contrario.

3. Compartir experiencias

Después de unos días de adaptación, conviene no quedarse en casa. Muchas personas se recluyen cuando viven experiencias nuevas que conllevan mucho desgaste de energía.
Probablemente estarían mejor si se comunicasen con otras personas y hablasen sobre sus preocupaciones y problemas del día a día. Todas las madres se enfrentan, y hasta se rebelan a ratos, contra los cambios tan enormes que han llegado a sus vidas. Compartir esas experiencias puede suponer un alivio.

4. Buscar a alguien de confianza

Los padres necesitan ratos para ellos, para salir, divertirse y reponer fuerzas. Y, aunque tendemos a ello, no hay que preocuparse innecesariamente, pues con los abuelos, una amiga o una buena canguro, el niño está en buenas manos. Ten en cuenta que:

* Es bueno empezar a hacerlo cuanto antes. No conviene esperar hasta que el niño tenga ocho o nueve meses, ya que a esa edad extraña a sus padres mucho más que cuando es un bebé.
* Es importante que no sean más de dos personas distintas las que cuiden al niño y, si fuera posible, que sea siempre en el mismo lugar.
* Tampoco se debe introducir en el mundo del pequeño más de una persona a la vez, para que tenga tiempo de acostumbrarse a la nueva cara en su propio entorno.

Tiempo muerto

Cuando la madre vuelve al trabajo, se encuentra con que no tiene tiempo para nada. La jornada laboral y el cuidado del bebé le absorben las 24 horas del día.

Una buena idea es aprovechar esos tiempos muertos de comidas o trayectos para ella misma: leer, ir a la peluquería y relajarse también es importante.

5. Consolar al bebé con calma

Si el bebé llora, lo mejor es cogerle en brazos e intentar averiguar lo que le está pasando. Lo importante es permanecer tranquilo y tener paciencia. Para el niño es una experiencia tranquilizadora porque se da cuenta de que le hacen caso cuando llora.
No siempre podremos averiguar las causas del llanto. Sin embargo, los siguientes ocho pasos pueden ser muy útiles a la hora de intentar calmarle:

* Lo primero es establecer contacto visual con el niño.
* Después le hablamos con un tono suave y tranquilo.
* Tumbamos al pequeño sobre nuestras rodillas.
* A continuación ponemos una mano sobre su tripita.
* Luego cogemos al niño en nuestro regazo de manera que se junten sus brazos.
* Seguidamente le mecemos muy despacio y suavemente.
* Andamos por la habitación tranquila y relajadamente.
* Como la succión le calma, le damos un chupete o le metemos el dedo meñique en la boca (con la yema tocando el paladar).

6. Cariño para todos

¡No nos olvidemos de los hermanos mayores! Todos sufrimos cuando nos sentimos relegados o dejados de lado, también los niños. Por eso, hay que reservar para los mayores una ración extra de atención y cariño todos los días. Es también una forma de evitar sentirnos culpables cuando vemos que no podemos atender todo lo que quisiéramos a los hermanos.

* Hay que mostrarse comprensivo con ellos y decirles que no siempre resulta divertido tener en casa un bebé que requiere tanta atención.
* Les explicaremos que queremos muchísimo al bebé, pero que hay cosas que hacen la vida muy estresante con un niño, como por ejemplo levantarse por la noche.
* Es bueno acostumbrarse a atender primero al mayor (si el pequeño no nos requiere con urgencia) en ciertos casos. El cambio de pañal del peque puede esperar cinco minutos más si su hermano nos quiere enseñar algo urgentemente

7. Confiar en la fuerza del niño

* Ninguna madre ni ningún padre quieren ver sufrir a su hijo. A pesar de esto, no hay que echar enseguida mano de pastillas o gotas si el bebé tiene unas décimas o alguna molestia.
* Es preferible transmitir al niño que confiamos en él y que vamos a ser capaces de manejar la situación con nuestros propios medios. Hay que transmitirle tranquilidad y confianza.
* "Tú puedes, ya verás. Yo pasaré ese mal rato contigo, estoy aquí a tu lado y te consuelo cuando te sientes mal". De esa manera, el niño aprende que él puede superar las pequeñas molestias

8. Dejar hacer al padre

Fijemos una especie de "tiempo de papá". Esos ratos valen su peso en oro para la madre. Un buen momento sería por la tarde, después de mamar. A esas horas, la mayoría de los bebés tienen una fase más activa. Es muy importante que la madre desconecte del todo y no intente intervenir.

Resulta más difícil aguantar el llanto de un bebé cuando uno no está a su cargo, pero el padre se las arreglará si le damos la oportunidad. Es también su hijo. Merece la pena mantenerse fuerte y no caer en la tentación. En los siguientes meses habrá pocas cosas de las que disfrutaremos tanto como de un equipo de padre e hijo bien entrenado.

9. Cuidado con prohibir

Cuando el bebé empieza a gatear, conviene pensar detenidamente en las cosas que se le prohíben a lo largo de un día. Decir que no a algo solo tiene sentido si contestamos a las dos siguientes preguntas con un "sí":

* ¿Puede romperse algo que resulta muy difícil de reemplazar?
* ¿Puede el pequeño hacerse daño si le dejamos corretear?

Si no es así, reconsideremos nuestra actitud: ¿Si no corre peligro, es realmente tan grave que el niño quiera explorar el entorno a sus anchas?

10. Permitir las frustraciones del pequeño

Los bebés también se frustran cuando están en pleno aprendizaje y las cosas no salen como ellos quisieran. Quieren agarrar algo y no aciertan; quieren desplazarse hacia delante y terminan empujándose hacia atrás. Cuando en estas situaciones el niño da rienda suelta a su frustración y llora o chilla, no debemos caer en la tentación de acudir enseguida en su ayuda o de distraerlo.

* Es mejor esperar y ver si el niño vuelve a intentarlo.
* Y hay que elogiarle por insistir tanto y animarle a seguir.
* Cuando veamos que realmente el bebé ya no puede más, entonces podemos echarle una mano.
* Le ayudaremos de manera que el niño tenga la sensación de haber hecho parte del trabajo él solo. Así se dará cuenta de que consigue su meta si se esfuerza.

Partos múltiples, incrementan riesgo a depresión post-parto

Las mujeres embarazadas que dan a luz dos o más bebés, tendrían un 43 por ciento más de probabilidades a sufrir depresión después del parto, en relación a sus homólogas que dan a luz sólo a un niño, los investigadores de la Universidad Johns Hopkins informan en la revista Pediatrics.

"Experimentar un embarazo de alto riesgo y entrega de los nacimientos múltiples son los eventos estresantes de vida", señala equipo de investigación, dirigido por el Dr. Yoonjoung Choi.

Las exigencias de la crianza de los hijos múltiples como lactantes puede dar lugar a altos niveles de estrés en sus padres, la fatiga y el aislamiento social.

Para examinar el vínculo entre los nacimientos múltiples y la depresión post-parto, Choi evaluó un grupo de datos analizados a partir de un estudio longitudinal en la primera infancia, encuesta que se llevó a cabo en todo los EE.UU., incluyendo a 7.293 madres que hayan entregado un solo niño y 776, que tuvieron varios bebés.

Las mujeres fueron encuestadas 9 meses después del nacimiento de sus hijos y el cuestionario se utilizó para determinar si las mujeres estaban deprimidos o no.

Diecinueve por ciento de las mujeres con múltiples bebés tenían una moderada o grave depresión, en comparación con el 16 por ciento de las madres de lactantes con hijos únicos, en última instancia las madres de varios niños tuvieron un 43 por ciento más de probabilidades a tener estos síntomas.

Es destacable que entre las madres con nacimientos múltiples, tras haber recibido asesoramiento de infertilidad no tuvieron un impacto significativo en el desarrollo de la depresión.

lunes, 13 de abril de 2009

Cuidados de la cicatriz de una cesárea

Los puntos externos suelen cerrarse en unos 10 días pero el proceso de cicatrización es lento.

Durante las primeras semanas se suele sentir tirantez en la zona de la cicatriz y notar en una parte de la piel una sensibilidad diferente, incluso en normal que alrededor de la cicatriz se forme un bulto que desaparecerá con el tiempo.

En unos ocho meses la cicatriz externa.se habrá convertido en una delgada línea.

Para prevenir futuros problemas es importe mantener una serie de cuidados en la zona.
Durante la cuarentena hay que procurar descansar mucho y no coger pero porque los puntos podrían abrirse.

Para que la piel cicatrice correctamente es importante mantener la piel hidratada utilizando solo productos recomendados por especialistas.

Hasta que los puntos se caigan hay que la lavar la zona con jabón neutro y agua si se han utilizado grapas conviene evitar las soluciones con yodo porque las fijan a la piel y al retirarlas podría haber complicaciones.

Via: bebesypapas

Riesgos de diabetes gestacional en madre y bebé

La diabetes gestacional es la que suele aparecer o ser diagnosticada por primera vez, alrededor de la semana 28 de gestación. Afecta aproximadamente a un 4 por ciento de las mujeres embarazadas, y sus causas no están del todo definidas.

Hay futuras mamás que tienen mayores probabilidades de sufrir diabetes gestacional, entre ellas están:

- Presentan sobrepeso antes o durante el embarazo

- Son mayores de 35 años de edad

- Poseen antecedentes familiares de diabetes

- Han tenido diabetes gestacional durante el embarazo anterior

- Dieron a luz, anteriormente, a un bebé que haya pesado más de 3,8 hg o con alguna malformación

- Son afro-asiáticas, asiáticas, e hispanas.

Riesgos para el bebé:

Estimulado por el azúcar de la madre, el páncreas del bebé podrá empezar a producir insulina adicional, lo que provocaría un bajo nivel de glucosa en el nacimiento, y un mayor riesgo de problemas respiratorios, además, el bebé tiene mayor probabilidad de convertirse en un niño obeso y un adulto diabético.

Riesgos para la madre:

Una mujer con diabetes gestacional puede desarrollar hipertensión arterial durante el embarazo, y necesitar hacer un parto cesáreo para dar a luz a un bebé de gran tamaño.

Una de las razones por las cuales la diabetes gestacional puede producirse es porque la glucemia de la madre no está controlada, por dos razones: por alguna deficiencia en la producción de insulina o por alguna disfunción de la insulina, es decir, que la insulina producida no funcione correctamente.

Es aconsejable que las mujeres que presentan algunos de los factores de riesgo, en la primera visita prenatal al médico, se hagan la prueba para medir los niveles de glucosa en la sangre.

Por otro lado, las mujeres que no enfrentan riesgo de padecer diabetes gestacional deben someterse a pruebas entre las semanas 24 y 28 del embarazo. Si el resultado es anormal, entonces se aplica una prueba de glicemia en ayuno para medir el nivel de glucosa.

La diabetes gestacional suele curarse cuando se acaba el embarazo, pero aún así es recomendable que la madre repita las pruebas algunas semanas después del parto para comprobar si realmente la glucemia se ha normalizado.

Si la futura madre sufre diabetes gestacional deberá someterse a un tratamiento en el cual la disciplina lo es todo. Se tratará de mantener un nivel normal de glucosa en la sangre de la madre. La mujer deberá seguir un plan alimenticio adecuado, limitar el consumo de dulces y almidones refinados, y además tendrá que ejercitarse con regularidad, con caminatas o natación. En el caso de que estas medidas no den resultados se usarán tomas de insulina.

Via: zonabebes

Ejercicios para aprender a hablar

A partir de los dos años, el lenguaje experimenta un desarrollo espectacular. Aparecen los adverbios, los pronombres, los adjetivos... Te proponemos algunas actividades para estimular el aprendizaje de tu hijo y ayudarle a hablar mejor.

Desde que son bebés, los padres y profesores tenemos que estimular el desarrollo de la comunicación de nuestros hijos. Para que los niños desarrollen el lenguaje, en la escuela infantil emplean diferentes herramientas que también se pueden utilizar en casa.
Actividades para aprender a hablar

Juegos interactivos: Los típicos juegos de toda la vida, como «Aserrín aserrán», «Este fue a por leña...» o «Gatito misito», en los que se combinan las rimas, los gestos y el pequeño tiene que responder o continuar una frase, son muy buenos para fomentar la comunicación.

Ampliar su vocabulario: Además del dibujo, también podemos mostrarles el objeto real, para que la asociación entre la palabra y el objeto que representa sea más potente. También se pueden utilizar fotos de familiares para que el pequeño identifique y reconozca a mamá, a papá o a los abuelos.

Cuentos: Debes utilizar cuentos adaptados a la edad del niño. Las actividades que se pueden desarrollar alrededor de un cuento son muy variadas: pueden manejarlos y leerlos ellos mismos, escuchar cómo se los contamos, o les podemos preguntar dónde está un objeto concreto en las ilustraciones.

Canciones y retahílas: A los peques les encanta escuchar canciones y retahílas sencillas que tengan un ritmo bien marcado. Aprovechando este interés, es más fácil que comiencen a decir la sílaba final de una palabra, a hacer los gestos que correspondan y a repetir partes completas de la canción. Les encanta que les repitan constantemente los mismos temas.

Masticar y sacar la lengua: Para desarrollar el lenguaje oral, es fundamental que el niño haga ejercicios de articulación y pronunciación. Desde que su pediatra lo autorice, los pequeños deben masticar para fortalecer sus mandíbulas. También se puede jugar a «las visitas de la Sra. Lengua»; mediante consignas fáciles y divertidas, los peques ejercitan toda la musculatura que influye en el habla: «Ahora la Sra. Lengua va a visitar a la nariz; ahora a la Sra. Barbilla; ahora quiere ir a casa de Doña Oreja Izquierda».

Títeres y marionetas: Las actividades de teatro son muy interesantes como forma de comunicación, tanto por el interés que despiertan como por el deseo de contestarles. Otra forma de mejorar el lenguaje es organizar juegos de disfraces y de dramatización.

Debemos preocuparnos si...

A los 6 meses. El niño no parlotea cuando se le habla y no sonríe ante la voz o la sonrisa del adulto.

ACon 1 año. No señala con el dedo lo que quiere y no emite sílabas redobladas: «pa-pa-pa».

A los 18 meses. No utiliza gestos para llamar la atención, pedir o rechazar y no identifica, cuando se le nombran, objetos o personas familiares.

A los 2 años. No ha comenzado a decir palabras con sentido (agua, papá) y no comprende palabras cotidianas sin gestos.

A los 3 años. No usa frases de dos palabras y no comprende órdenes sencillas, como «coge el pan» o «tira este papel a la papelera».