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miércoles, 6 de julio de 2011

Los bebés perciben que estamos tristes

Un trabajo publicado recientemente en la Revista Current Biology y realizado por investigadores británicos del King College de Londres afirma que los bebés pueden percibir que estamos tristes.

Para llegar a esta conclusión ha realizado resonancias magnéticas al cerebro de bebés más de 3 meses mientras dormían y estudiaron como reaccionaban sus cerebros ante diferentes sonidos, algunos ambientales y otros procedentes de la voz humana.

Lo más llamativo fue que cuando los investigadores reproducían voces humanas que expresaban tristeza, se activaba una zona de la corteza temporal, pero que no había una reaccion significativa si en vez de llanto o voces tristes los niños escuchaban sonidos como la tos, voces en tono alegre o los sonidos ambientales como el correr del agua de un grifo o unos juguetes golpeándose.

La voz humana expresa emociones y, dadas las conclusiones del estudio, los bebés pueden reconocer y percibir cuando escuchan voces que denotan emociones negativas, siendo sensibles a estos estímulos.

En realidad, aunque ya sabía que los bebés perciben si estamos tristes, y me parece muy interesante que se demuestre científicamente para que aprendamos a ser más conscientes de sus emociones.

sábado, 2 de julio de 2011

Los juegos que necesita un niño de 1 año

Los padres pensamos que nuestros hijos juegan para entretenerse, pero no es así. Cumplido el año, el juego les ayuda a conocer el mundo y a ellos mismos, y a descubrir todo lo que pueden hacer. Nosotros podemos ayudarles con juguetes y juegos adecuados a su edad.

El crecimiento neurológico de un niño cuando cumple el año no tiene parangón con respecto a otras etapas de su vida, no volverá a repetirse y se desarrolla principalmente a través de las experiencias que le ofrece su medio. Todo le interesa porque ya es capaz no solo de descubrir las cosas que le rodean, sino de interactuar con ellas. Para él, jugar es imprescindible.

Ayudarles a experimentar

Elegir bien los juguetes adaptados a la edad es muy importante, pero hay que tomar precauciones porque a esta edad les atrae todo, incluso las figuras que adornan en el salón o los enchufes.

Los papás tenemos que actuar de dos maneras:

* Una, dejándole su propio espacio pero vigilándole y procurando que él mismo vaya descubriendo el juego que más le gusta.

* Y otra, implicándole en las rutinas familiares que le puedan resultar nuevas: ayudarnos a colocar la compra sacando de la bolsa los productos más pequeños que pueda manejar con soltura, o enseñarle a ordenar su cuarto, planteándolo como un juego de meter los juguetes en una caja, a ver cuántos caben.

Juguetes adecuados para niños de un año

Ya ha pasado la etapa de los juegos que solo sirven para mirar y escuchar, ahora le gustan aquellos que le obligan a moverse y a practicar su nueva actividad favorita: andar y correr. Para ello, debemos potenciar actividades que impliquen movimiento, aunque hay que tener en cuenta que todavía está un poco inseguro.

* Los arrastres, los correpasillos, andadores y juguetes de cuatro ruedas muy estables, para que pueda ir sentado y darse impulso con los pies.
* Las pelotas grandes de plástico o tela le encantan y disfrutará corriendo tras ellas y viendo cómo se alejan si las empuja y cómo vuelven si otra persona las empuja de nuevo hacia él.
* Construcciones de piezas grandes de madera o de plástico para que las amontone, apilables, cubos, encajables de diversas formas, tamaños y colores y rompecabezas sencillos de dos o cuatro piezas con dibujos llamativos.
* Juegos para la arena. Las pala y el cubo de toda la vida para jugar en la playa o el parque son un buen ejercicio para la coordinación óculo-manual.
* Coches o camiones grandes que pueda hacer rodar y cargar con otras piezas, volcar y volver a cargar de nuevo.
* El momento del baño es ideal para que se entretenga un rato y descubra que el agua se escapa entre sus deditos. Con un pequeño vasito sí puede retenerla, y eso le fascina. Los patitos, los libros sumergibles...
* Instrumentos musicales adaptados a su edad: baterías, trompetas, pianolas que emitan sonidos con cada tecla, xilófonos, casetes con micrófono para que pueda grabar su voz y luego escucharse...
* Materiales como la plastilina, la masa de cocina para hacer galletas, pintura de dedos, las ceras, incluso arena fina utilizada bajo supervisión, le ayudan a desarrollar fuerza y habilidad en sus manitas.
* Los muñecos, los guiñoles y los peluches son magníficos para estimular el juego simbólico.

Juegos sin juguetes

Los peques de esta edad no necesitan demasiadas cosas para divertirse. Estas son algunas ideas.

* El escondite sonoro: escondemos un objeto que suene, como un despertador, una radio o un patito que haga "cuá cuá", y le animamos a que lo encuentre. Luego le pedimos que lo esconda él. Con este juego desarrolla las facultades auditivas y fomenta su atención y su sentido de la orientación.
* Juego de los bailes: le entusiasma cantar y bailar. Canciones populares como "que llueva, que llueva", "el corro de la patata" o "pasemisí" se pueden plantear como bailes divertidos para cogerse de las manos, saltar, dar vueltas...
* Juego de la aventura: está especialmente indicado para los que empiezan a ponerse de pie e incluso acaban de comenzar a dar sus primeros pasos. Se le prepara un recorrido en la casa lleno de aventuras, en el que tiene que ir cogiendo objetos que le llamen la atención. Para ayudarle a desplazarse de un lado a otro conviene acercarle muebles estables que le sirvan de apoyo. La meta será llegar con alguno de los tesoros a donde estén papá o mamá, y el premio, un buen achuchón.
* Puching-ball: se cuelga del techo un globo grande o un balón playero y se deja a la altura del pequeño. Así podrá darle empujones y puñetazos las veces que quiera sin peligro de que se haga daño. De pie, se estira hacia el balón y, al golpearlo, ejercitará el equilibrio para no caerse.

La contaminación ambiental reduciría el peso fetal

Investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL-Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental) en la revista Environmental Health Perspectives, descubrieron que la contaminación ambiental reduciría el peso del feto en el útero materno.

Es que en grandes urbes la contaminación ambiental es un asunto preocupante y difícil de refrenar. Según el estudio mencionado, los fetos de las mujeres embarazadas pesan 81,6 gramos menos respecto al crecimiento medio que se produce entre las semanas 20 y 32 de gestación por causa de la polución.

De hecho, esta investigación detalla que el menor peso del feto se da en mujeres que viven en zonas con mayor circulación de vehículos y, por tanto, expuestas a niveles más altos de NO2 – dióxido de nitrógeno – .

Por cada incremento 10 0g/m3 (microgramos por m3) en la exposición a NO2, el crecimiento del perímetro craneal es 6,24mm inferior respecto al crecimiento medio entre las semanas 12 y 20 de gestación.

Al mismo tiempo, se observa un descenso de 6,37mm en el crecimiento del perímetro abdominal y de 2,16mm en el crecimiento del diámetro biparietal (distancia entre la sien y la sien), respecto al crecimiento medio entre las semanas 20 y 32.

Estos retrasos de crecimiento del feto se asocian a circunstancias adversas en su medio. Predisponen al retardo en el neurodesarrollo y a problemas de crecimiento durante la infancia, así como un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y síndrome metabólico en la etapa adulta.

Familia: "Hay cosas que hay que hacerlas porque sí, aunque no quieran"

Hace unos días os hablaba de aquellas cosas que muchos padres hacemos con los niños mientras duermen, cediendo (o haciendo que cedemos) porque sabemos que podemos hacer lo mismo por la noche, cuando están tan dormidos que no se enteran de que hacemos todo aquello que durante el día supondría gritos y llantos.

El hecho de ceder hace creer a los niños que han tomado una decisión y que nosotros la hemos aceptado como buena, cuando la realidad es otra.

“Ya, pero es que así aprenden que si se quejan cedes y acaban saliéndose con la suya” y “hay cosas que hay que hacerlas porque sí, aunque no quieran”, me han dicho alguna vez. Pues sí, respondo, es cierto. En ese momento accedo a no hacer algo, decisión totalmente irracional si pensamos en las consecuencias, pero sabiendo que ellos son incapaces de conocerlas.

Un niño no suele ser consciente de que si no le pones una pomada su piel empeorará molestándole mucho más (hablo de niños con piel atópica, como los míos) hasta que crece y se lo puedes explicar (y te entiende). Por eso esto se puede hacer tranquilamente en otro momento, incluso cuando duermen.

Sin embargo, si un niño necesita una medicación, pues es cierto, esto es impostergable. Puedes esperar unos minutos, hacerlo de manera que siente mejor o que se enfade menos, pero hay que hacerlo.

“Pero tienen que aprender quién manda”

“Pero tienen que aprender quién manda”, he oído incluso de niño. “Pues lo haces, y punto”, se dice también. Todas frases tajantes, secas, que deben suceder en un momento concreto, ya, ahora. Palabras de personas que tienen muy claro cómo deben actuar, pero que yo, como padre, y sobre todo como hijo, no acabo de entender, sobre todo porque a veces se aplican a situaciones absurdas.

Recuerdo en una clase que una profesora nos expuso un caso, pretendiendo buscar una solución:

Tienes una hija con una habitación llena de peluches a los que adora, pero está siempre con bronquitis y problemas respiratorios. Un día, tras unas pruebas, se confirma que sus dolencias tienen un origen alérgico. El médico recomienda entonces que elimines cualquier objeto que pueda provocarle alergia, como por ejemplo los muñecos con pelo. Sabiendo que tienes que quitarle todos los peluches a la niña, ¿cómo lo harías?

Entonces dejó unos segundos para que pensáramos una respuesta y me sorprendió oír a mi lado a una chica decir “pues se los quitas, y punto. Ya ves qué problema…”.

La profesora, en cambio, con más humanidad y sentido común que esta chica respondió que la mejor manera de hacerlo sería poco a poco, con mucho diálogo. No quitándolos todos de golpe, el mismo día, sino haciéndolo de manera paulatina.

A mí se me ocurrió hacer algo así como una historia de madurez y crecimiento, resumiendo: los peluches, cuando crecen y son mayores, se van al país de los peluches para jugar con otros amigos, como cuando los niños van al colegio un buen día. Por eso algunos días, cuando los peluches ya son mayores, deciden que su tiempo en casa ya ha finalizado y que es el momento de partir. Ese día se les hace a esos peluches (dos, tres, cinco, los que sean) una minifiesta de despedida y se lee una carta que han escrito para la niña. Lo llevará mejor o peor, pero me parece mucho más soportable que la desaparición porque sí, o porque “es que tus queridos peluches te hacen estar enferma y por eso te los he quitado todos”.

Es cierto que hay cosas que hay que hacerlas y que no hay otra alternativa, ahora bien, no todo tiene que ser cuando nosotros lo decimos, pues hay cosas que se pueden hacer en otro momento. La gracia de educar a un hijo no está en conseguir que haga las cosas porque alguien manda, sino en saber transmitir unos valores para que hagan las cosas porque consideren que deben hacerlo, que es lo que está bien o que es lo beneficioso.

Digamos que lo ideal es que los niños hagan las cosas porque quieren hacerlo así, porque creen en ello, porque están motivados y no exclusivamente porque es nuestro deseo. Para conseguir esto hace falta tiempo, diálogo y paciencia y este es, para mí, el camino difícil.

El fácil es el que toman aquellos padres que no hablan con sus hijos, sino que les ordenan, que no dialogan, sino que prohíben. Así también sé ser padre yo, pero así, ¿cómo voy a enseñar a mi hijo a pensar?

El camino del diálogo es complicado y muchas veces desesperante, porque no siempre se obtienen los resultados que se desean obtener. Muchas personas dicen “no sé para qué tanto hablar, si luego hacen lo que les da la gana”. Pues fácil, porque cuando hablas tienes que ser consciente de que no siempre vas a obtener el resultado que quieres obtener. A veces hacen falta más situaciones iguales, más momentos y más diálogo para hacer que un niño llegue a la conclusión que queremos que llegue.

“¿Pero para qué tanto rollo? Tú eres su padre, no su amigo”

Pues para que aprenda a hacer las cosas no “porque sí”, ni porque “yo lo digo”, ni porque “mientras estés bajo mi techo las cosas se hacen así”. Sino para enseñarle a pensar. Para que piense cuáles son las opciones y cuáles son las consecuencias, para que elija y acierte y para que elija y se equivoque.

Nuestro papel como padres no es decir siempre que sí, ni decir siempre que no, sino acompañar y, siempre que se pueda, dejarles decidir. ¿Cómo sino van a saber elegir el día de mañana cuando sean adultos y deban tomar decisiones a diario?

miércoles, 29 de junio de 2011

Inducir el trabajo de parto no predispone a una cesarea

Un nuevo estudio publicado en la revista internacional de los países nórdicos Acta Obstetricia et Ginecologia Scandinavia (AOGS) revela que la inducción del parto en las últimas semanas del embarazo, semana 39 a semana 41, no está relacionado con mayores tasas de cesárea en comparación con las madres que esperan de un trabajo de parto espontáneo.

Se ha debatido mucho acerca de esto en los últimos años con la preocupación de que la inducción del parto (en comparación con quienes no la realizaron) podría conducir a un mayor riesgo de la mujer a terminar en una cesárea de emergencia, limitando las posibilidades de un parto natural.

Los investigadores han analizado los datos del registro de nacimientos danés, (uno de los mayores registros de este tipo en el mundo) y se realizaron comparaciones entre las mujeres que estaban teniendo su primer parto, así como las mujeres que ya habían tenido un hijo. Para obtener una buena base para el estudio se utilizó una gran cohorte de mujeres en cualquier tipo de hospital, desde pequeños a los hospitales universitarios de gran tamaño. Se utilizaron para obtener estas conclusiones los datos de un total de 230.528 mujeres con partos entre 2004 y 2009.

El lupus y el embarazo

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune, es decir, que es el propio organismo el que de una forma u otra ataca los tejidos sanos. Se sospecha que además de la predisposición genética, es necesario un “gatillo” para que la enfermedad comience a manifestar, y muchas veces son los cambios hormonales del embarazo los que propician los síntomas.

Además, hay mujeres diagnosticadas con lupus que desean ser madres, y les interesa saber las consecuencias de ello para su salud. Cuando una mujer que tiene lupus queda embarazada, se considera la gestación de alto riesgo y el seguimiento médico de la gestación es más intensivo y multidisciplinario.

A las mujeres que padecen lupus generalmente se les recomienda esperar hasta que su enfermedad se encuentre en fase de remisión, y al menos seis meses sin tomar medicación, antes de tratar de quedar embarazadas.

Así, se podría evitar administrarle fármacos a la gestante que puedan conllevar riesgos para el bebé:

En la relación entre lupus y embarazo encontramos que:

- El 40% de las mujeres que padecen los síntomas del lupus sufren un incremento de los mismos durante el embarazo.
- El 20% de las mujeres padecen preeclampsia.
- El 50% de las mujeres darán a luz bebés prematuros.

Las mujeres que padecen lupus presentan altas tasas de partos en los que el bebé nace muerto durante el tercer trimestre del embarazo debido a la presencia de ciertos anticuerpos en su sangre que afectan la placenta e interfieren en el desarrollo y crecimiento del bebé.

Algunas mujeres que padecen lupus también podrían llegar a desarrollar anticuerpos que pondrían en riesgo la vida de su bebé después de que el mismo hubiera nacido. Los anticuerpos Anti-Ro o Anti-SSA podrían causar:

- Rash o sarpullido cutáneo
- Conteo anormal de glóbulos.
- Latidos cardíacos irregulares.

Por ello, si tienes lupus conversa con tu ginecólogo si planeas embarazarte. Es probable que muchas mujeres con lupus sufran síntomas debido a que el embarazo los exacerba.

Beneficios y riesgos de los partos en vertical

El parto en posición vertical parece estar asociado con varios beneficios, principalmente, la reducción en la duración del período expulsivo del trabajo de parto.

Esto es totalmente lógico, del mismo modo que la verticalidad y movimiento durante la dilatación va a permitir que el bebé se abra camino por el canal del parto, acortando la primera fase de éste, a diferencia de si nos acostamos o permanecemos inmóviles.

No obstante, también existen unos pocos riesgos asociados, que comentamos a continuación. Pero como ni algunos de los beneficios ni los riesgos están confirmados, la Organización Mundial de la Salud recomienda que en los partos se debe permitir que las mujeres elijan la posición que deseen para tener el parto.

Una revisión publicada en la Biblioteca de la Salud Reproductiva de la OMS evalúa los beneficios y los riesgos de las diferentes posiciones para el parto que adoptan las mujeres durante el período expulsivo del trabajo de parto. Incluye 20 estudios clínicos en los que participaron 6136 mujeres.

Los hallazgos de este estudio mostraron que, en aquellas mujeres que no recibieron anestesia peridural, el parto en posición vertical o lateral se asoció con:

* una reducción en la duración del período expulsivo,
* una pequeña reducción en los partos asistidos,
* una reducción en las episiotomías,
* un aumento en los desgarros perineales de segundo grado,
* un aumento de la pérdida de sangre estimada superior a 500 ml,
* una disminución de la manifestación de dolor intenso durante el período expulsivo del trabajo de parto y menos patrones anormales en la frecuencia cardiaca fetal.

Como vemos, los posibles beneficios del parto vertical superan con creces los riesgos, por lo que se sigue investigando acerca de ese probable aumento de desgarros de segundo grado y sobre todo el incremento de la pérdida de sangre.

Pero, a la espera de nuevas investigaciones en este sentido, la OMS remarca la necesidad de que la mujer elija cómo quiere dar a luz, su posición más cómoda, y señala que el verdadero desafío de los profesionales de la salud es brindarles a las mujeres información imparcial en la cual basar las opciones de las posiciones para el parto y consejos sobre cómo prepararse para tener el parto en la posición elegida.