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martes, 30 de septiembre de 2008

¿Tiene que eructar tras cada toma?

No le va a pasar nada a tu hija porque no la pongas a eructar por la noche. Lo peor que le puede ocurrir es que tenga gases en la tripita, esté incómoda y se despierte. Pero si la haces eructar, se despierta seguro. Además, los niños de pecho, si están bien agarrados, casi no tragan aire, por lo que luego no eructan. No hay que hacer eructar a los niños. Todo lo más, durante el día, tenerlos un rato en brazos, en posición vertical, después de mamar. Si tienen gases, saldrán en pocos minutos. Y si no eructan, es porque no tenían gases.

Por: Dr. Carlos González
Pediatra especializado en alimentación y lactancia materna y autor de best sellers como ‘Mi niño no me come’, ‘Bésame mucho’ o ‘Un regalo para toda la vida’

Las primeras pruebas del recién nacido

Entre las preocupaciones de los nuevos padres, la más importante es el temor por la salud del bebé: ¿cuánto pesará?, ¿estará sano?, ¿tendrá algún problema?... No hay que alarmarse: en las primeras horas de vida harán al recién nacido todas las pruebas necesarias para confirmar que está bien. Cuando no hay complicaciones y el parto transcurre sin problemas, una enfermera pediátrica suele proporcionar los primeros cuidados al pequeño. Pero cuando la salud del futuro bebé corre peligro, resulta imprescindible la presencia de un pediatra neonatólogo en la sala de partos.

Estos son los primeros reconocimientos y atenciones que recibe recién nacido. En cuanto sea posible, es importante que el bebé esté en contacto con la piel de su madre:

Cordón umbilical y nacimiento

  • El tradicional cachete en las nalgas para provocar el llanto del bebé pasó a la historia hace tiempo. Ahora se opta por métodos más suaves, como estimular los pies del chiquitín para que reaccione, en caso de que no haya llorado al sentir el contacto de las manos del ginecólogo o de la matrona. La mayoría de los niños suelen hacerlo porque notan un cambio brusco de temperatura.
  • Lo mismo sucede con el cordón umbilical: ya no se corta de inmediato. A no ser que la salud del pequeño corra peligro, los médicos esperan a que deje de latir para hacer el corte y separar físicamente al niño de la madre.
  • Para evitar que el bebé tenga sensación de frío nada más nacer, el personal sanitario le seca lo antes posible con un paño estéril, y lo cubre con una toalla calentada previamente, para que no pierda calor.
  • Otras prácticas como bañarle nada más nacer o usar por sistema una sonda para limpiar la nariz y el estómago también están en desuso. Ahora, a no ser que el bebé no pueda respirar, las secreciones se limpian suavemente con una gasa.
El test de Apgar
  • La vitalidad y la madurez del recién nacido se valoran con el test de Apgar, que analiza cinco parámetros: color de la piel, frecuencia cardiaca, reflejos, tono muscular y respiración. Estos se puntúan de 0 a 2, en función de que la respuesta del bebé sea perfecta (2), discreta (1) o presente algún problema (0). Para obtener una evaluación más objetiva, se realiza dos veces: la primera, al minuto de nacer; y la segunda, cinco minutos después, cuando el neonato ha superado el bajón del parto.
  • Si la suma de las puntuaciones es de 8 a 10, el niño está en perfectas condiciones. Si la calificación es inferior a 6, el pequeño necesitará reanimación y una vigilancia especial. En ocasiones, la primera vez da un resultado muy bajo, pero una puntuación alta en la segunda confirma que la reanimación ha sido un éxito. Los resultados se anotan en la ficha neonatal que, a partir de entonces, formará parte de la historia clínica del bebé.
Otras pruebas
  • A continuación, el pediatra o la enfermera realizan una rápida revisión al bebé (cabeza, columna, caderas, genitales...) para comprobar que no existen malformaciones, y le trasladan a una zona especial de la sala de partos aclimatada. Allí se le cura el ombligo, se determina su grupo sanguíneo, se le limpia, pesa y mide, se comprueban sus reflejos y se toma nota de su perímetro craneal con el fin de establecer si los datos son normales respecto a su edad gestacional. Cuando el niño está limpio y calentito, le administran vitamina K, para prevenir posibles hemorragias; un colirio o una pomada en los ojos, para prevenir la conjuntivitis neonatal, que puede contraer en el parto si la madre sufre alguna infección ginecológica; y una primera dosis de la vacuna de la hepatitis B.
  • Después, se procede a su identificación mediante la huella dactilar y la colocación de una pulsera.
  • Hasta hace unos años se bañaba al bebé nada más nacer para desprenderle del vérnix caseoso, una capa de grasa blanquecina que facilita el deslizamiento a través del canal del parto. Ahora no se hace porque se sabe que le protege del frío y de las infecciones durante los primeros días de vida y se desprende sola cuando ya no es necesaria. Además, actúa como una crema hidratante que mantiene la piel suave.
Nuevo examen antes de ir a casa
  • Finalizados los cuidados más urgentes, el pequeño puede descansar en el regazo de mamá. Los profesionales sanitarios animan a la mujer a amamantar al bebé recién nacido, aunque en los partos con cesáreas o complicaciones habrá que esperar algunas horas. En muchas maternidades, la profilaxis (vitamina K y pomada ocular) se realiza en los brazos maternos. Es más, cuando un niño queda ingresado en la unidad de cuidados intensivos, los médicos autorizan el paso de los padres a la sala para que vean a su hijo y lo acaricien con regularidad.
  • En el paritorio se hace todo lo posible para no molestar al bebé, que acaba de sufrir un gran cambio. Cuando ya se ha adaptado al nuevo entorno, el pediatra realiza un segundo reconocimiento más completo que el anterior: le ausculta, analiza el color, los reflejos y el tono muscular, examina su cara, comprueba la formación de los principales órganos, las fontanelas, etc.
  • El examen vuelve a practicarse coincidiendo con el alta médica de la madre. Es el momento para comentar con el doctor las dudas que surgen sobre el cuidado del recién nacido, la cura del ombligo o la alimentación. Después, será el pediatra de zona quien supervise la evolución del chiquitín.
Pruebas metabólicas
El análisis de una gota de sangre del talón, en las primeras 48 horas de vida y pocos días después, detecta tres enfermedades extraordinariamente raras que pueden ocasionar minusvalías físicas y psíquicas serias:
  • Hipotiroidismo,
  • Hiperplasia.
  • Fenilcetonuria.
Con la detección y el tratamiento precoces, los bebés afectados pueden desarrollarse con normalidad

Revisiones de la madre tras el parto

Durante el embarazo, el cuerpo se ve sometido a muchos cambios: no sólo crece la tripa, también puede verse afectada la boca, la circulación sanguínea, la espalda, e incluso la vista. Después de dar a luz tienes que cuidarte y es muy importante que te hagas varias revisiones médicas. Después del parto se recomienda un chequeo completo y asistir a varios especialistas. Estas son las revisiones a las que tienes que someterte después de la llegada del bebé.

Ginecólogo

  • La primera visita obligada es al ginecólogo. En las cesáreas, la revisión se realiza entre siete y diez días después del nacimiento del bebé, para comprobar que la cicatriz evoluciona favorablemente. En los partos vaginales, lo habitual es que el médico examine a la madre a las seis semanas de haber dado a luz, aunque si la mujer lo necesita, puede pedir cita antes o acudir a la matrona.
  • En esta primera revisión el médico examina el periné, la cicatriz de la episiotomía y las hemorroides (si han aparecido durante el parto), explora las mamas, palpa el abdomen para asegurarse de que el útero se ha contraído y comprueba el tamaño y posición de este mediante un tacto vaginal.
  • A veces, pide análisis de sangre y orina para descartar anemias o infecciones en el aparato urinario, a los que se es más propensa en el posparto. Si todo va bien, conviene hacerse un chequeo cuando se deje la lactancia.
  • Tras el examen ginecológico, el médico resuelve las dudas de la nueva madre sobre lactancia, reaparición de la regla, etc. También le aconseja sobre la alimentación más adecuada durante la lactancia y los ejercicios que debe hacer para recuperar el tono muscular del abdomen y del suelo pélvico, y analiza, junto con la pareja, la estrategia contraceptiva del futuro.
  • Esta consulta debe servir para confirmar la buena marcha general de la recuperación. La mamá siempre tiene que preguntar todo lo que la inquiete.
Endocrino
  • Todas las mamás recientes desean que la báscula vuelva a señalar el peso anterior al embarazo cuanto antes. Hay que tener paciencia, en las seis semanas que siguen al parto los médicos desaconsejan los regímenes de adelgazamiento.
  • Después, la mujer puede empezar a tomarse algo más en serio lo de perder peso, aunque no conviene iniciar ninguna dieta severa hasta que el bebé tome otros alimentos además del pecho.
  • Cuando no se amamanta, se suele recuperar la silueta en cuatro o cinco meses. Si no fuera así, es aconsejable acudir a un endocrino para que revise los hábitos alimenticios y compruebe que el embarazo no ha alterado el funcionamiento de la glándula tiroides. Lo más probable es que los kilos de más se deban a un exceso de calorías y a que la mamá haya disminuido su actividad.
Dentista
  • La cita con el odontólogo es imprescindible. El embarazo ocasiona cambios en los componentes de la saliva, lo que favorece la aparición de caries, sobre todo en las mujeres predispuestas.
  • El incremento de algunas hormonas aumenta la irrigación sanguínea de los tejidos de la boca y su capacidad inflamatoria, y es frecuente que sangren las encías y aparezca gingivitis.
  • Si has visitado al dentista a lo largo del embarazo (conviene hacerse una revisión dental en cada trimestre), puedes esperar unos meses, salvo que el especialista haya indicado lo contrario, pero si no se ha vigilado la boca durante la gestación, hay que acudir en cuanto se esté recuperada del parto.
La vista y la piel
  • En la gestación pueden empeorar los trastornos de la vista y, en particular, la miopía. Si tenías algún problema antes del embarazo, no está de más que acudas al oftalmólogo tras el parto.
  • También conviene visitar al dermatólogo para que revise los lunares y manchas que puedan haberse oscurecido durante el embarazo, pues los cambios hormonales estimulan la producción de melanina, responsable de la pigmentación.
Si tienes dificultades en las relaciones sexuales, díselo a tu ginecólogo
Algunas mujeres, por pudor, no saben si abordar temas que les parecen demasiado personales en sus visitas al médico, como las dificultades al reanudar las relaciones sexuales. Muchas veces, el problema es solo la falta de lubricación; otras, está en las cicatrices (de la episiotomía, pequeños desgarros perineales o vaginales...) que pueden ocasionar molestias o dolor. En cualquier caso, lo mejor es hablarlo con el ginecólogo.

Trastornos psíquicos después del parto
  • La depresión puerperal leve (insomnio, irritabilidad, llanto...) no requiere tratamiento médico y suele resolverse con el apoyo del entorno de la madre. Este estado de ánimo se debe a muchas causas. Al cansancio físico por el embarazo y el parto se suma el que ocasiona el cuidado del bebé y la falta de sueño continuo. Y, además, la mujer se ve expuesta a fuertes cambios hormonales.
  • Cuando la depresión es mayor (fuertes sentimientos de culpa e incapacidad de hacerse cargo del bebé) es necesaria una atención especializada por parte de un psiquiatra (como en cualquier depresión) que evalúe el caso y decida el tratamiento más conveniente.

jueves, 25 de septiembre de 2008

¿Cuáles son los primeros síntomas del embarazo?

Los síntomas de embarazo suelen ser: sensación de náuseas o vómitos, aumento de la tensión mamaria y, además, muchas mujeres dicen que se encuentran raras pero no saben explicar el por qué. El aumento del flujo puede ser otro síntoma de embarazo, pero también puede deberse a una infección.

La mejor forma de salir de dudas es hacerte un test de embarazo, aunque sus resultados solo son fiables a partir de los 15 días de la concepción. Los expertos recomiendan esperar hasta un par de días después del retraso menstrual para asegurar que hay una cantidad de hormona suficientemente alta en orina para ser detectada.

Si el test es positivo debes ir al ginecólogo cuanto antes para que vea si el embrión está localizado en el interior del útero.

No quiero ser como mi madre

Nos pasamos la adolescencia despotricando del estilo educativo de nuestros padres. Y cuando nos toca ejercer, pensamos que jamás cometeremos los mismos errores. Un día, de repente, nos enfrentamos a la cruda realidad: somos repetidores de su conducta.

Una vez que estamos en el lugar de nuestros padres, nos encontramos con dos noticias, una buena y otra mala. La mala es que, a menos que tengamos una madurez envidiable, es habitual adoptar algunos «errores» de nuestros progenitores, ya sea repitiendo patrones o cruzando al extremo opuesto. La buena noticia es que tiene solución.

Nos quedamos perplejas cuando nos pillamos regañando con el mismo tonillo que tanto nos molestaba de nuestra madre. Los mismos gestos, las mismas palabras... ¡Lo hemos criticado tantas veces! Sin embargo, es lo que hemos vivido: «El efecto del modelo y del aprendizaje es un peso pesado», afirma la psicóloga Pilar Cobos.

«¡Horror! Soy una réplica de mi madre»
Vernos en el mismo rol que tanto daño nos ha hecho puede resultarnos muy agresivo. Sentimos culpa, vergüenza, incredulidad... Para más detalle, la mayoría de las veces se trata de una conducta impulsiva; sentimos que se nos escapa de las manos, lo que nos genera más angustia.

Pero no estamos condenadas de por vida. Simplemente, no hemos aprendido otra forma de afrontar determinadas situaciones. El modelo que tanto nos molesta ha permanecido en nuestro subconsciente. Ahora que ha salido a la luz, está en nuestras manos recomponer nuestro estilo educativo. Si queremos.

¿Qué tiene de malo el error, que siempre intentamos evitarlo?
No es agradable, desde luego. Requiere capacidad de autocrítica y espíritu para cambiar las cosas. Pero es uno de los métodos más efectivos de aprendizaje. El método de ensayo-error nos permite estar en contacto con la realidad y modificar nuestra dirección o conducta. Así pues, lo mejor es aceptar nuestros errores con espíritu deportivo.

Pautas para no perpetuar errores familiares
La primera medida es desterrar la culpa. Nunca nos deja avanzar. El segundo paso es distanciarnos de lo ocurrido y analizar la situación. Es decir, intentar entendernos a nosotras mismas: por qué hemos reaccionado así, qué hay en nuestro aprendizaje vital que nos impulsa a comportarnos en contra de nuestras ideas.

Llegaremos sin duda a la figura de nuestros padres, a nuestra educación. Pero detenernos a culparlos no servirá de nada, aunque su comportamiento esté en el origen del nuestro. Nuestra educación estuvo en sus manos, pero ahora está en las nuestras. Liberar ciertos sentimientos que albergamos hacia ellos puede ser de gran ayuda. Y comprenderlos es, en parte, comprendernos a nosotras mismas.

Puede que desde nuestra nueva perspectiva de padres entendamos cosas que antes no nos planteábamos: la presión social por mantener la casa limpia, en una época muy difícil para la mujer; la mano dura de unos padres educados de la misma manera; la sobreprotección de una madre que quiso cinco hijos y solo pudo tener una... Aunque teniendo claro que comprenderlos no es justificarlos.

Nos ayudará mirarlos desde la óptica adulta, como personas en lugar de como padres; con sus errores, debilidades y problemas. Entenderlos nos libera un poco más. Aunque lo más importante es entendernos a nosotras mismas: se trata del primer paso para conseguir cambios en nuestro comportamiento. Para decidir con más libertad qué estilo educativo queremos seguir.

La otra equivocación: irnos al otro extremo
Cuando, tras haber crecido bajo el autoritarismo, elegimos la permisividad para educar a nuestros hijos, nuestro error es otro. Hemos optado por alejarnos lo más posible de lo que nos hizo daño y, tanto nos alejamos, que terminamos en el extremo opuesto.

Y tardamos en percibir que algo va mal, porque en este caso todo es más sutil. Poco a poco vamos alimentando una situación que, al final (y generalmente no sabemos cómo hemos llegado hasta allí), nos resulta difícil de llevar.

Es posible que todo comenzara por no corregir los manotazos de nuestro hijo, en clara rebelión a la dureza con la que fuimos tratados de pequeños; o por comprarle todo lo que nos pedía, para paliar las carencias materiales o afectivas de las que fuimos víctimas. Solo buscamos lo mejor, pero a veces encontramos lo peor.

La alarma salta en forma de extrañeza y, a veces, de autocompasión: «¿Qué he hecho mal?» es la pregunta más repetida por las madres. En el fondo se trata de un problema de medida. Nos hemos ido al otro extremo... Y tenemos que encontrar el centro.


Cuidado con medicar al bebé

Dar medicamentos a los niños sin supervisión médica puede ser peligroso, y más cuando son pequeñitos. Los padres no siempre sabemos qué fármacos son adecuados para la enfermedad del bebé. Además, con algunos medicamentos, como los antibióticos, se pueden originar resistencias bacterianas. Respondemos a las dudas más frecuentes sobre la medicación de los niños.

¿Puedo darle un medicamento a mi bebé cuando está malo?

  • Durante el primer año de vida es muy importante no medicar al bebé por cuenta propia.
  • Para bajar la fiebre o calmar el dolor, los padres utilizamos antitérmicos o analgésicos siguiendo las pautas del pediatra.
  • La dosis se calcula teniendo en cuenta la edad y el peso del niño.
¿Por qué no deben darse medicinas sin control?

Una causa frecuente de emergencias son las sobredosis no intencionadas de medicamentos que sufren niños menores de cuatro años.

¿Qué hago si mi bebé coge un resfriado?

Los medicamentos solo alivian los síntomas, porque los catarros tienen su propia evolución. Por eso, es preferible aplicar algunos remedios caseros como:
  • Mantener al niño bien hidratado.
  • Colocar un humidificador en la habitación.
  • Limpiarle la nariz con suero salino y eliminar las secreciones con un aspirador nasal.
  • Evitar el exceso de calor y ventilar la casa varias veces al día.
¿Debo preocuparme si he medicado a mi hijo sin consultar al pediatra?

No, pero no debes volver a hacerlo. La mayor parte de los problemas relacionados con las medicinas surgen por dosis inadecuadas o excesivas. Nunca debe administrarse un fármaco que no especifique la edad sin consultar al pediatra.

Precauciones con los medicamentos
  • Guárdalos fuera del alcance de los niños.
  • Hay que seguir siempre las instrucciones del pediatra y no darles nunca medicinas de adultos.
  • Para prevenir posibles sobredosis, conviene saber cuáles son los ingredientes activos de cada medicamento. De este modo, nos aseguramos de que el niño no recibe dos o más fármacos con el mismo principio.
  • En niños menores de dos años, hay que evitar la administración de medicamentos para la gripe o la tos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Estrés durante el embarazo: cómo combatirlo

Los conflictos, las prisas y los agobios forman parte de nuestra rutina diaria. Durante el embarazo estas situaciones pueden producir estrés a la futura mamá. Descubre las claves para disfrutar de un embarazo tranquilo y sin agobios.

Cuando el estrés es intenso o se prolonga, puede perjudicar la salud de la embarazada y la del bebé. De hecho, las mujeres que presentan niveles altos de estrés durante el embarazo tienen más posibilidades de que sus bebés nazcan bajos de peso y, sobre todo, son más propensas a sufrir partos prematuros.

Además, el estrés hace que se tomen más medicamentos, sea más difícil dejar de fumar, que no se descanse, que la dieta es desequilibre..., todos ellos son hábitos que no resultan nada beneficiosos para una mujer embarazada.

¿Por qué surge el estrés?

El primer paso para combatir el estrés es averiguar qué lo provoca:

  • La causa más frecuente es el trabajo. Si antes del embarazo la mujer ya estaba agobiada, ahora esta sensación se puede incrementar: su estado le va a impedir continuar con el mismo ritmo, y el hecho de no estar al cien por cien y no llegar a todo puede estresarla aún más.
  • Las tareas domésticas y las dificultades para compaginar vida laboral y familiar también pueden generar agobio y nerviosismo en la futura madre, especialmente cuando hay niños pequeños a los que atender y no se cuenta con ayuda.
  • El propio embarazo es una fuente de estrés por todos los cambios que implica. La noticia genera tensión ante la responsabilidad que supone convertirse en madre. Además, los primeros meses hay cierto temor a perder el bebé que puede angustiar a la futura mamá. Los cambios hormonales provocan inestabilidad emocional y eso, unido a las náuseas, el sueño etc. que aparecen en esta fase puede aumentar el estrés.
  • Una crisis de pareja, la pérdida de un ser querido, una mudanza o las dificultades económicas pueden disparar el nivel de ansiedad de la embarazada.
Evita la tensión
  • Nerviosismo, dificultades para conciliar el sueño, pesadillas, ansiedad, desarreglos en la alimentación, irritabilidad, inestabilidad emocional... son síntomas que pueden hacernos sospechar que existe un problema de estrés. Sentirse más cansada de lo normal o quejarse de dolores difusos (de cabeza, de espalda) también pueden ser manifestaciones de una situación de este tipo.
  • El primer paso sería consultar con el ginecólogo para que confirme que todo va bien. La embarazada debe comentarle su estado de ansiedad, los síntomas que tiene, las preocupaciones que la agobian, y preguntar sobre todos aquellos aspectos del embarazo y del parto que nos atemorizan.
  • Cuando la angustia es intensa o se mantiene en el tiempo, conviene solicitar ayuda psicológica. La psicoterapia puede ayudar a descubrir los motivos y a superar miedos.
  • A menudo, pequeños cambios en la rutina diaria pueden favorecer una vida más tranquila y mantener alejados el agobio y la ansiedad. Aceptar las limitaciones que el embarazo impone, reducir la actividad y buscar el apoyo de los que nos rodean pueden ser buenos antídotos contra el estrés.
Claves para mantener el estrés a raya

1. Aprovechar los ratos libres para relajarse realizando actividades tranquilas
como leer, pasear o escuchar música.

2. Pedir ayuda a la pareja, a la familia y a los amigos.

3. Evaluar la posibilidad de contratar a una persona que colabore en la limpieza de la casa o el cuidado de los hijos.

4. Si hay problemas laborales, compartirlos con la pareja.

5. Dormir lo suficiente, llevar una dieta sana y practicar ejercicio regularmente.

6. No combatir el nerviosismo fumando, bebiendo alcohol o tomando más café. No consumir medicamentos sin consultar con el médico.

7. Hablar con otras mujeres de los temores que generan el embarazo y el parto: exteriorizar los sentimientos ayuda a rebajar la tensión.

8. Evitar en lo posible situaciones estresantes. Si hay previsión de cambios importantes, es mejor posponerlos.

9. En el trabajo, no tener miedo a decir «no», hacer pausas frecuentes, evitar estar mucho tiempo en la misma postura, no hacer horas extras y pedir ayuda en caso de sobrecarga.

10. No saltarse las clases de preparación al parto. La información que ofrecen, las técnicas de relajación que enseñan y la posibilidad de compartir experiencias con otras embarazadas son buenas armas para combatir la ansiedad.

Cada caso es distinto
No todos reaccionamos igual ante los mismos estímulos. La forma de ser, el modo en que cada uno se enfrenta a los conflictos y tensiones que se presentan, es determinante para evaluar las situaciones de estrés.
Los psicólogos afirman que cuando una persona tiene altos niveles de ansiedad es porque tiene una personalidad proclive a ello. Lo que es estresante para unas mujeres puede no serlo para otras.