Si te estás preguntando acerca de pautas sobre consumo de pescado durante el embarazo, haces bien, porque la respuesta a esa pregunta es del formato del clásico “sí pero…”. El enfático sí se fundamenta en que este alimento es una rica fuente de nutrientes variados, pero el énfasis se empaña por los niveles de riesgos de contaminación que este alimento puede alcanzar si no es correctamente manipulado y procesado.
Por una parte, puedes encontrarte con trazas de pesticidas, e incluso con mercurio de metilo y dioxinas. Debes tener la certeza de la procedencia del pescado que adquieres y la calidad de la cadena de frío a la que ha sido sometido. Este punto es muy importante, porque muchas veces se opta por el pescado fresco, resultando difícil evaluar qué tan fresco es.
Otro detalle a tener en cuenta es que para correr menos riesgos, consumas pescados de talla media o pequeña; la idea es evitar aquellas especies que también se alimentan de pescados. Para ser concretos, estamos hablando de evitar o consumir el mínimo posible de atún blanco, tiburón y pez espada.
Pero si te gusta mucho el pescado, hay algunas soluciones ingeniosas al respecto, tales como alternar la especie que se elija siempre que tu frecuencia no supere las tres veces por semana. Recuerda un detalle importante: los beneficios del pescado superan largamente los riesgos y uno de los más significativos es la presencia de omega 3 y elevados valores proteicos.