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jueves, 19 de noviembre de 2009

Dientes de leche: cuidados

Alrededor de los cuatro meses el bebé empieza a desarrollar sus dientes de leche y a comer sus primeras papillas. A partir de que empiezan a salir estos dientes ya puedes empezar a cuidarlos. Así es, no tienes por qué esperar hasta que tu hijo cumplas los 2 ó 3 años para empezar a cuidar de su salud dental.

La higiene de los dientes de leche es tan importante como la que le prodigas a otras partes del cuerpo de tu bebé, tanto para evitar problemas dentales posteriores así como para que tu hijo vaya interiorizando desde temprana edad este hábito saludable.

Los odontólogos recomiendan cepillar los dientes de los bebés por lo menos una vez al día, una vez que haya una superficie visible, y de preferencia en la noche, antes de meterlos a su cuna.

Para cepillarle los dientes a un bebé utiliza un cepillo dental especial para bebés, de cerdas muy finitas y una pasta dental sin flúor para evitar el peligro de intoxicación.

Al principio es natural que tu hijo se resista a este cuidado, pero es importante acostumbrarlo para que después lo hagan solos sin problema más adelante. Siéntalo en tu regazo, y sujetándole la cara, cepilla sus dientes con suaves movimientos circulares.

Respecto a los cepillos eléctricos, la mejor edad para empezar su uso es cuando el niño llegue a los siete años. Asimismo, ya a esta edad ya puede usar pasta dental infantil.

El castigo es un método poco educativo

El castigo forma parte de la educación desde hace mucho tiempo. En la televisión, por ejemplo, está tan normalizado que es habitual ver a los protagonistas de las series de televisión juveniles quedarse sin poder salir durante semanas por hacer tal o cual acción.

La gran mayoría de los adultos de hoy en día los hemos sufrido, a menudo por cosas que habíamos hecho sin querer, a menudo por cosas que ni siquiera habíamos hecho y a menudo por conductas que sí podrían considerarse inadecuadas.

Las razones de los castigos son tan dispares que muchas veces se viven como injustos y, si nos detenemos un poco a pensar en ello, podemos afirmar que los castigos son poco educativos y que pueden provocar consecuencias negativas.
Qué es un castigo

El castigo se podría definir como aquella acción realizada por una persona que provoca aversión o desagrado en otra y que tiene como finalidad eliminar o corregir una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Los más frecuentes son:

* El tiempo fuera: prohibir al niño permanecer en el lugar o contexto donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada (enviarlo a dormir, a su habitación, a la silla de pensar,…).
* La retirada de reforzadores o estímulos positivos: prohibir cosas que le gustan al niño (ver la TV, ir al parque, salir a jugar con los amigos, etc.)
* El castigo físico: que, como ya hemos hablado a menudo, no tiene nada de educativo.

El castigo es aparentemente eficaz

Es posible que la causa por la que el castigo permanece como herramienta educativa sea su aparente eficacia e inmediatez para controlar o detener el comportamiento inadecuado o quizás simplemente sigue vigente porque fuimos educados así y por lógica natural tendemos a actuar tal y como actuaron con nosotros.

En cualquier caso castigar a un niño no es la mejor manera de educarlo. Mediante el castigo, pese a que la conducta se extingue de manera puntual, la raíz del problema no se soluciona y son muchos los niños que, pese a haber sido castigados por una conducta, siguen haciéndola cuando pueden o cuando creen no ser vistos.

En otras palabras, los efectos del castigo son momentáneos. El castigo no provoca el desaprendizaje del comportamiento que se desea modificar ni ofrece una alternativa más adecuada y ello hace que la conducta tienda a repetirse.

Efectos secundarios del castigo

Emplear castigos como medida habitual de corrección provoca pérdida de confianza del niño hacia los padres o educadores, daña la autoestima del niño, que llega a desvalorizarse (sobretodo si piensa que no merece el castigo), se produce estrés, tensión y agresividad e incluso provoca el uso de la mentira o el engaño para evitar el castigo.

Muchos niños acaban distanciándose de sus padres y les “castigan” a ellos negándoles la comunicación y generando rabia y necesidad de venganza (no siempre consciente).

Muchos otros acaban perdiendo la espontaneidad y la creatividad (¿la niñez?) y se convierten en niños inseguros, temerosos y dependientes de la persona que lo castiga, pues evitan tomar decisiones que puedan ser erróneas y que puedan originar un nuevo castigo.

La importancia del día a día.

“Empezad la disciplina a temprana edad. Aclarad muy bien las reglas y reforzadlas de inmediato y con consistencia. Reforzad la obediencia con caricias y frases como: ¡Muy bien! ¡Qué bien lo has hecho! Y después de disciplinarlo, dile que le quieres y que lo haces por su propio bien”.

Estos consejos, que muchas personas aplaudirían, compartirían y verían necesarios para criar y educar a los niños, no provienen de un libro de educación para niños, sino de un Manual para entrenar al Doberman Pinscher (probablemente ya desfasado, pues incluso los consejos para educar a los perros pasan en la actualidad por evitar los castigos.

Con esto quiero decir que llevamos demasiados años educando a los niños como si fueran perros, es decir, buscando la obediencia ciega, el “que sepan quien manda”, el “ésta es mi casa y aquí mando yo” y el “que vean que la vida es dura”.

La diferencia es que la naturaleza de los perros es ser serviciales y obedientes, pero la de los niños es ser libres.

Los diferentes estilos de educación

En la educación autoritaria, esa que se dice ahora que deberíamos recuperar los padres, los niños no tienen ningún derecho.

En la educación permisiva, esa en que los padres dejan que sus hijos hagan literalmente “lo que quieran” (que ni siquiera recibiría el nombre de educación, pues no se está educando), el niño tiene todos los derechos.

En una educación más democrática, donde reina la comunicación y el respeto mutuo, los padres y los hijos comparten derechos.

El castigo entraría a formar parte de la llamada educación autoritaria y el objetivo debe ser educar a un hijo para que viva en libertad, pero sin cohartar la libertad de los que le rodean (“vive y deja vivir”).

Educar requiere paciencia y el trabajo de los padres o educadores debe ir encaminado, siempre que sea posible, a mostrar alternativas y elementos que inviten a reflexionar, no sólo sobre el comportamiento considerado inadecuado, sino también sobre las consecuencias que provoca en los demás.

La finalidad, a mi modo de ver, es que los niños sean personas responsables, autocríticas y autónomas pero con valores propios, es decir, siendo su modo de vivir auténtico, originado en sí mismo y no en la obediencia a un ser superior (los padres).

Como decía Piaget, “la autonomía sólo aparece con la reciprocidad, cuando el respeto mutuo es lo bastante fuerte como para hacer que el individuo sienta desde dentro el deseo de tratar a los demás como a él le gustaría que le trataran”. Por ello la lucha debe ir encaminada a crear esa autonomía en los niños.

Para conseguirlo es necesaria la vía del diálogo y la comunicación, el ejemplo continuo de los padres en el día a día y la exigencia apropiada, siempre con amor.

El castigo es “el camino rápido” para atajar un problema y su efecto sobre la conducta es temporal. Difícilmente logra erradicar una conducta negativa de manera duradera y tiende a distanciar a padres e hijos y a humillar a los segundos.

¿Y entonces no se puede castigar?

Muchas personas defienden el castigo porque consideran que realmente hay actitudes que no se pueden tolerar y, si se repiten de modo insolente, el castigo es la única manera de hacer entender lo que es importante.

En cierto modo tienen razón, pero sólo de manera puntual. Las malas acciones, y sobretodo si las cometen los niños, suelen venir motivadas por un problema más crónico o duradero (se sienten infravalorados, necesitan más afecto, más tiempo con sus seres queridos, se aburren,…).

La travesura sólo es la punta del iceberg y el castigo, como hemos dicho, solo actúa sobre la parte más superficial.

Hay situaciones en que se entiende que es preciso detener una mala acción y hay lugares, como el colegio, en que hay muchos niños para un profesor. En este caso sería aceptable el castigo momentáneo como “medida de salvamento” y nunca como elemento educativo para a posteriori buscar la raíz del problema (aunque hecho de esta manera creo que no podemos llamarlo castigo, sino buscar detener una acción).

Muchos pensaréis que decir que en la escuela tampoco deberían castigar es permitir que los niños hagan lo que quieran. Nada más lejos de la realidad. Lo que trato de mostrar o explicar es que a los niños hay que educarles (sobretodo en casa) para que ellos mismos sean responsables de sus actos y personas autónomas que se respeten a sí mismas y respeten a los demás.

Las cosas caen por su propio peso y los mismos niños, cuando hay diálogo y comunicación, acaban por ver que sus actos tienen consecuencias (buenas o malas), se dan cuenta que la vida realmente no es un camino de rosas y ven que hay momentos en que podrían haber hecho caso a papá o mamá (y momentos en que habría sido mejor no hacerles caso).

Algunos ejemplos

* Si un niño pinta la pared con sus rotuladores podemos hacer que entienda que no debería haberlo hecho con un “ahora la pared está sucia porque la has pintado con el rotulador, habrá que limpiarla, si quieres te ayudo”. El hecho de limpiar ya ejerce la función educativa, pues el niño ve que su acto tiene una consecuencia (pared sucia) que debe ser reparada (limpiándola).

* Si tira deliberadamente cosas al suelo, si desordena (o no ordena), el recogerlas hace la función educativa. En algún momento incluso puede echar en falta algo porque está desordenado. El niño verá así la consecuencia del “no ordenar”.

* Si rompe sus juguetes porque está enfadado (o juega a romperlos) la consecuencia en sí ya supone un aprendizaje, pues los habrá roto y más tarde se dará cuenta de que no podrá jugar con ellos.

Con esto no quiero decir que haya que dejar que los rompa deliberadamente. Podemos detener la acción con un “si cuando te enfadas tratas así a los juguetes los tendré que guardar para que no se rompan” si lo consideramos oportuno.

Esta frase que parece un castigo o una amenaza es realmente una invitación a la reflexión para que el niño cree su propia regla. Si tira los juguetes serán retirados para que no se rompan, sin embargo, si los trata bien, podrá jugar con ellos tanto cuanto quiera. Él decide en todo momento cuándo puede empezar a tratarlos bien y comprende que las pertenencias propias también deben ser respetadas y que puede haber otras maneras de canalizar un enfado.

La intención, al fin y al cabo, es tratar que los niños sean felices, que los padres sean felices y que la relación entre padres e hijos sea la mejor posible. Es por ello que hay que tratar de utilizar métodos que no humillen, distancien o sean injustos para los niños (ni para los padres) y castigarles me temo que es no es uno de ellos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Embarazo: Aborto natural: tratamiento

El aborto natural es la pérdida espontánea del bebé dentro de las 20 primeras semanas de embarazo. El riesgo de que esto suceda se puede reducir considerablemente si la embarazada se hace las pruebas médicas oportunas y un seguimiento exhaustivo desde el inicio del embarazo, e incluso antes.

Si llegara a producirse el aborto espontáneo, se debe recurrir de inmediato al médico para que determine si es conveniente dilatar el cuello del útero o si queda parte del feto dentro del vientre materno.

El tejido que sale por la vagina debe examinarse para determinar si se trataba de un feto o una mola hidatiforme (masa o tumor dentro del útero que se presenta al inicio del embarazo), y si aún queda algo de tejido fetal en el útero.

Si el tejido no sale de forma natural, la paciente tiene que estar en vigilancia hasta por dos semanas. Si es necesario se hace una cirugía llamada legrado o se le administra misoprostol para eliminar los restos.

Después de cuatro semanas el ciclo menstrual de la mujer se reanuda, por lo que un nuevo embarazo es posible. Sin embargo, se recomienda esperar por lo menos un ciclo menstrual para intentar concebir de nuevo.

Niños: Higiene de los oídos

La higiene del bebé es muy importante y muy delicada. Sobre todo, la higiene del oído. ¿Sabes cómo limpiar los oídos del bebé? Pues bien….no te preocupes, si no sabes ahora te enseñamos.

Para la limpieza de los oídos del bebé no se precisa una limpieza muy profunda. Basta con pasar el piquito de una toalla o una gasa húmeda por el pabellón auditivo. No hay que frotar demasiado ni nada. Eso sí, no se puede olvidar pasar el pañito por los pliegues detrás de las orejas.

Nunca utilicen cotonetes en los oídos del bebé. Los bastoncillos pueden lastimarlos. Además, no hacen más que empujar la cera hacia dentro y pudiendo lesionar el tímpano. No hay que sacar la cera, esta se va saliendo por sí sola.

Además, tengan en cuenta los siguientes consejos:

Si quieren limpiar los odios con suero, deben hacerlo ocasionalmente. No puede hacerse a diario.

Cuando hace frío es conveniente ponerle un gorrito al bebé, para salir a la calle. La gorra mantendrá su cabecita calentita.

En el agua hay que evitar las inmersiones bruscas y que permanezca mucho tiempo en el agua.

Deben evitarse los ruidos fuertes y la música muy alta. Su audición es más aguda y sensible que en las personas mayores, y podría dañarse.

Pruebas de fertilidad

Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, los equipos que son utilizados comúnmente por las mujeres sometidas a fertilización in Vitro (FIV), no están diseñados para probar la fertilidad de las mujeres que desean concebir naturalmente.

Se debe tener en cuenta que si parece que hay un problema con su fertilidad, su médico le hará pruebas, que no son de práctica normal para probar su fertilidad sin que exista una causa inicial de preocupación, ya que proyectarse al interior para la fertilidad no es confiable, dicen los expertos

Tratar de concebir significa tener relaciones sexuales con regularidad, alrededor de tres veces a la semana sin anticoncepción. En la población general, el 84 por ciento de las parejas logran concebir en el primer año de tratar y de los que no la mitad concebirá de forma natural en el segundo año.

La prueba de fertilidad puede realizarse en pareja o no, ya que sí usted siente que necesita apoyo moral, pero en general suele verse al médico de forma individual para hablar sobre su historia y organizar las investigaciones.

Al principio, su médico evaluará su salud en general, preguntará; ¿qué medicamentos está tomando y si su ciclo es regular, también es importante saber si alguna vez ha concebido y si usted ha tenido abortos involuntarios?.

La primera prueba después de esto es un análisis de sangre. Esto da una idea de la ovulación y si hay condiciones subyacentes, tales como los ovarios poliquísticos, menopausia prematura o problemas de tiroides.

Vía: daily.m

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Aborto natural: síntomas

El aborto natural o espontáneo es una de las complicaciones más frecuentes del embarazo. Lamentablemente, uno de cada cinco embarazosos termina en aborto durante el primer trimestre.

Muchas mujeres no se dan cuenta de que han tenido un aborto y lo confunden con una menstruación abundante. Algunas mujeres presentan dolor abdominal y pélvico, pérdida de sangre pequeña o significativa, y debilidad o dolor de espalda.

La sangre que se pierde es de color rojo brillante si es reciente, y obscura si ha estado retenida en la vagina por varias horas. Si el embrión no ha sido eliminado, el embarazo puede continuar, pero si aparecen dolores y espasmos intermitentes, el embrión podría desprenderse y producirse un aborto. El flujo de sangre también puede aumentar cuanto más avanzado esté el embarazo.

Ojo, una pérdida de sangre no necesariamente significa aborto. Es normal que se presenten el principio del embarazo, no obstante lo mejor es que visites al médico si esto ocurre.

Cuidados del recién nacido: el primer corte de pelo

Hay bebés que nacen con poco pelo y otros con una buena cabellera. Nacer con mucho o poco pelo es una cuestión determinada por la herencia genética de cada bebé, y su pelo de adulto tedrá poco que ver con estos primeros cabellos, tanto en cantidad como en color. Los padres nos preguntamos frecuentemente cuándo es el mejor momento para cortar el pelo y cómo se le corta el pelo al bebé recién nacido?.

¿Tijeras o máquina? ¿Cuánto esperar? ¿En qué momento le cortamos el pelo? Éstas son algunas de las dudas que suelen surgir a los papás recientes y que esperamos responder en estas líneas.

¿Es conveniente cortarle el pelo?

Lo primero que hay que señalar es que no es necesario cortar el pelo al bebé, de hecho mucho del cabello de recién nacido se le caerá en pocas semanas. Pero puede que el bebé tenga unas zonas más largas que otras, o que sea verano y el pelo le dé calor, o por la razón que sea decidimos cortarle el pelo.

Generalmente suele ser para igualarle el cabello, que suele ser más largo y abundante en la zona de la nuca, formando una especie de “coletilla”. También porque en ocasiones queda una pequeña calva en el lugar que el bebé apoya la cabeza cuando está boca arriba (aunque esto no es exclusivo de los bebés recién nacidos y se puede apreciar hasta en algunos niños de un año o más).

¿Le crecerá el pelo más fuerte si se lo corto?

Entonces, si decidimos cortar el pelo al bebé por primera vez nos olvidamos de creencias y mitos, como que hay que esperar a que pase un año o que si no lo rapamos al cero el pelo se debilitará. Rapar al bebé no generará que el cabello salga más grueso, abundante y sano. En definitiva, la razón para cortar el pelo a un bebé es estética o de comodidad y no de salud.

Cortarle el pelo en casa

No es necesario llevar al bebé a una peluquería, donde no tendrán ni siquiera un lugar apropiado para ello, pues el bebé aún no se mantiene incorporado. Sólo necesitamos tener paciencia y buen pulso. La tarea de cortar el pelo al bebé es bien sencilla, aunque hay que realizarla con delicadeza. Aquí van unas cuantas indicaciones para que cortar el pelo al bebé no tenga secretos:

¿Con qué cortamos el pelo al bebé?

* Las tijeras han de ser de punta redondeada para no lastimar al pequeño, y adecuadas para cortar el cabello tan fino. Unas tijeras dsgastadas o que no ajusten bien sus hojas no serán capaces de enganchar y cortar el pelo tan fino del bebé.
* También se puede emplear una máquina de cortar el pelo (“moto”) procurando no apurar ni apretar sobre la cabecita del bebé que puede presentar pliegues ante la presión. El ruido y la vibración puede asustar al bebé (aunque hay otros a los que les relaja), por lo que hemos de hacer una pequeña prueba antes de evitar sustos, y bajar la potencia de la máquina en lo posible.

* Si escogemos una máquina para cortar el pelo que lleve cable, habremos de tener cuidado en colocar el cable de modo que el bebé no pueda cogerlo por reflejo y estirar de él, y por supuesto que no se nos cruce a nosotros en nuestras “maniobras” para llegar a toda la cabecita. Lo mejor es ir apagando la máquina cada poco tiempo para variar nuestra postura y mover y sujetar la cabeza del bebé adecuadamente, sin que el cable interfiera.

¿Cuál es el mejor momento para cortar el pelo al bebé?

* Es aconsejable realizar el corte de pelo antes del baño del bebé, para que se eliminen completamente los restos de pelo tras el baño.
* Pero también puede ser después del baño, cuando el bebé está más relajado.

* Incluso, cuando el bebé duerme es un buen momento para evitar movimientos inesperados.

Recomendaciones para el corte de pelo al recién nacido

* Podemos usar una toalla para proteger la piel y la ropa del bebé si es que no lo vamos a bañar a continuación del corte de pelo.
* Hay que sujetar la cabeza del bebé firmemente para controlar los movimientos del bebé.
* Mejor no cortar el pelo los primeros días para evitar que el bebé tenga pérdidas de calor corporal en unos momentos en los que su regulación de temperatura no está “ajustada”.
* De todos modos, si usamos un gorrito no existirá ese peligro. Pero en mi opinión los primeros días, en los que el bebé está bastante desconcertado y alerta ante todo lo que le rodea, la tarea de cortarle el pelo es secundaria.

* Se puede recortar el pelo del bebé para igualarlos o raparlo totalmente, la decisión de cómo cortar el cabello del bebé es de los padres, no hay razón médica para hacerlo de una u otra manera, salvo el caso de que el bebé contraiga alguna dermatitis o alergia; entonces sí, el pediatra será el que nos indique la mejor manera.

Esperemos que con estos consejos sobre cómo cortar el pelo al bebé recién nacido os hayan servido de ayuda para realizar esta tarea que no resulta tan difícil. Ya sabréis que, cuando crecen, cortarles uno mismo el pelo suele ser más complicado…