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viernes, 29 de octubre de 2010

Importancia de ingerir hierro y fósforo en el embarazo

Hoy hablaremos de la importancia de una adecuada nutrición en el embarazo, para asegurar el óptimo desarrollo fetal y una buena salud de la madre, en el marco de un desarrollo normal del embarazo.

Nos concentraremos entonces en dos nutrientes indispensables: el hierro y el fósforo.

El hierro es responsable de la producción de hemoglobina, que transporta oxígeno a la madre y lógicamente, también al niño. La necesidad media cotidiana de hierro absorbido es de 0,8 miligramos durante el primer trimestre, 4,4 miligramos durante el segundo y 6,3 miligramos en el tercer trimestre en el embarazo, siguiendo las indicaciones médicas en todo caso.

Se suele indicar a las futuras madres un aporte extra de hierro además del que se obtiene de la dieta. Especialmente si hay antecedentes de anemia o en las vegetarianas, se suele administrar un suplemento dietario de hierro de entre 30 a 50 miligramos.

El hierro está presente en los siguientes alimentos: carnes, pescados, hígado y yema de huevo; también legumbres, frutos secos, algas, cereales y vegetales de hoja verde, incluyendo en la dieta patatas y remolacha. Cabe señalar que los suplementos no reemplazan a una buena alimentación.

El fósforo es abundante en muchos alimentos y no suelen darse suplementos salvo indicación particular. Entre otras importantes funciones, participa en la cerebral. También en el mantenimiento de huesos y dientes, y en casi todos los procesos metabólicos como el energético. Ayuda a mantener el PH de la sangre ligeramente alcalino. Componente importante del ADN, forma parte de todas las membranas celulares sobre todo en los tejidos cerebrales.

Lo encontramos en las legumbres como la soja, cerealesintegrales,frutossecos, carnes y pescados, levadura de cerveza, lácteos ecológicos, yema de huevo y vegetales como la alcachofas, perejil y apio.

Se requieren unos 700 miligramos diarios, pero las menores de 19 años necesitan algo más: 1.250 miligramos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La hepatitis en las futuras mamás

¿En qué grado puede afectar un problema de salud de la embarazada a su futuro hijo? Dentro de las situaciones de riesgo más frecuentes durante la gestación se encuentra la hepatitis.

Hepatitis: Hay varios tipos de hepatitis, por lo que el riesgo, los controles e incluso el tratamiento depende mucho del tipo de virus que se padezca (el tipo B y el C son los más graves). Hablaremos sobre los diferentes tipos de hepatitis:

Hepatitis B:

La transmisión al feto se produce normalmente durante el parto. El riesgo de paso al niño es mayor cuanto menos controlada esté la enfermedad y puede llegar hasta el 80 por ciento. Al principio, ningún recién nacido tiene síntomas, pero sí un altísimo riesgo de que la enfermedad se haga crónica, por lo que el tratamiento es muy importante. Este se hace mediante la administración de una inmunoglobulina tras el parto y vacunación al nacimiento, al mes y a los seis meses de vida. Con el tratamiento completo se podría incluso dar de mamar al niño bajo supervisión médica. Se suele hacer un control de anticuerpos al bebé a los nueve meses de vida y un seguimiento médico.

Hepatitis C:

En general, se estima que el riesgo de paso al feto es sólo de un cinco por ciento, aunque es mayor en las mujeres menos controladas o con otras infecciones. Normalmente, no se suele contraindicar la lactancia (aunque esto debe ser confirmado por el pediatra) y se hace un seguimiento de anticuerpos en el recién nacido hasta los 18 meses, momento en que suelen negativizarse, pues en general proceden de la madre. En caso de persistir dichos anticuerpos, se estudiaría detenidamente el tratamiento en el niño.

Hepatitis A:

Existe poco riesgo de transmisión al feto (el bebé la puede contraer por haber entrado en contacto con la sangre de la madre o bien por vía oral). Pero si ha ocurrido poco antes del parto, el niño puede beneficiarse de la administración de inmunoglobulina y vacunación. Normalmente sí se puede amamantar al bebé si se padece ésta enfermedad.

Embarazo después de los 35

Según estadísticas, 1 de cada 5 mujeres en los Estados Unidos tiene su primer hijo después de 35 años de edad. La buena noticia es que la mayoría tienen embarazos saludables y bebés saludables.

Sin embargo, los estudios muestran que las mujeres entre los 30 a mediados y finales de los 40 y pueden enfrentarse a algunos riesgos especiales durante el embarazo. Las mujeres deben ser conscientes de estos riesgos para que puedan tomar decisiones informadas acerca de su embarazo, entre el momento de quedar embarazadas.

¿La edad afecta la fertilidad?

Las mujeres suelen experimentar una disminución de la fecundidad a partir de los 30 años. Toma mas tiempo a una mujer de 30 años de edad o más tiempo quedar embarazada que una mujer más joven. Los hombres también pueden experimentar una disminución de la fecundidad a partir de finales de los 30.

Las mujeres mayores de 35 años de edad pueden ser menos fértiles que las mujeres más jóvenes, ya que tienden a ovular (liberar un óvulo de los ovarios) con menor frecuencia. Ciertas condiciones de salud que son más comunes en este grupo de edad también pueden interferir con la concepción. Estos incluyen :

- La endometriosis (una condición en la cual los tejidos se adhieran a los ovarios oa las trompas de Falopio)
- Obstrucción de las trompas de Falopio (a veces como resultado de infecciones pasadas)
- Los fibromas (crecimientos no cancerosos en el útero)

Una mujer de más de 35 años deben consultar a su médico si no ha concebido después de 6 meses de intentarlo. Los estudios sugieren que alrededor de un tercio de las mujeres entre 35 y 39 y cerca de la mitad de los mayores de 40 años de edad tienen problemas de fertilidad. Muchos problemas de fertilidad pueden ser tratadas con éxito.

Otro dato: si bien es cierto que las mujeres mayores de 35 años pueden tener más dificultades para concebir, también tienen una mayor probabilidad de tener mellizos.

Las posibilidades de tener gemelos aumenta naturalmente con la edad. Las mujeres mayores de 35 también tienen más probabilidades de someterse a un tratamiento de fertilidad, lo que también aumenta la probabilidad de gemelos (así como trillizos o más).

El amigo imaginario de los niños

Entre los tres y los ocho años es absolutamente normal que los niños hablen de su “amigo imaginario”, al que seguramente le pondrán nombre. Se trata, incluso, de una importante parte de su desarrollo.

No es nada para alarmarse sino todo lo contrario. Ese mundo imaginario es el que permitirá que defina realidad de fantasía. Y lo ayuda, además, a enfrentar sus impulsos negativos como miedo, enojo, celos, mentiras, mientras él representa el papel del “bueno”.

Sirve además para que el niño se conozca a sí mismo y vaya desarrollando su personalidad. Es una expresión de imaginación y realidad, ayudando al niño a divertirse solo de una forma sana.

Los padres y cuidadores deben respetar este universo personal, pero sin introducirse en él. No conviene bajarlo a la realidad diciendo que es una tontería o que el amigo no existe, sino que hay que dejarlo seguir con el juego mientras lo necesite.

Solamente es necesario intervenir si se nota que además de los amigos imaginarios, tiene dificultades para relacionarse con otros niños reales, y hacerse de amigos. Allí sí necesitará apoyo para aprender a socializar.

lunes, 25 de octubre de 2010

Niños con pánico a los extraños

Muchos padres observan a menudo que sus hijos, sobre todo cuando los mismos tienen entre 1 y 2 años de edad que prefieren evitar estar en presencia de gente desconocida o con la que no tienen demasiado contacto. Esto es absolutamente normal, por lo tanto no hay que darle mayor importancia.

Es importante respetarlos y no forzarlos a tener contacto con primos, tíos o amigos lejanos de la familia si ellos no lo desean así, tampoco debemos retarlos o avergonzarlos frente a los mismos, ya que ésta actitud desaparece a medida que van creciendo y con el tiempo logran sentirse mucho más seguros.

Para tal caso si el niño en algún momento demuestra signos de sensibilidad hacia esas determinadas personas de las cuales se esconde, lo mejor será elogiarlos para que se sientan a gusto y no tildarlos de tímidos, miedosos, antipáticos o cualquier calificativo referido a su falta de sociabilidad.

Los niños a esa edad comienzan a discriminar un poco a aquellas personas con las que no tienen mucho contacto o no ven a menudo, por eso todos aquellos que lo rodean en las reuniones deben dejar pasar la situación como algo del momento con mucha indulgencia y tolerancia, ya que es lo mejor para que cambie de actitud.

Madres ansiosas, niños irritables

Existe tal simbiosis entre madres e hijos que es normal que el estado de ánimo de la madre afecte de alguna manera el carácter del niño. Podemos verlo en el día a día. Un estudio realizado por investigadores españoles ha querido ahondar en la interacción entre el estado emocional materno y el comportamiento de los hijos y ha llegado a la conclusión que a madres ansiosas, niños irritables.

Han comprobado que la ansiedad de la madre eleva el riesgo de tener un bebé llorón, sin embargo, esto no es siempre así. También se puede dar el caso de que, como excepción, los pequeños nazcan con una variante genética que les proteja y suavice su temperamento.

Así, independientemente de la ansiedad de la madre, si tiene una determinada configuración alélica del gen transportador de serotonina (para los entendidos, concretamente la variante del alelo largo del 5-HTTLPR) el bebé es mucho menos irritable. Digamos que ha nacido con el gen de la tranquilidad.

Salvo esta excepción de los bebés protegidos genéticamente, es curioso cómo, aunque intentemos evitarlo, el bebé puede absorber nuestra ansiedad afectando su carácter, e incluso afectando su desarrollo durante la gestación.

Pero también es llamativo que lo mismo puede ocurrir a la inversa. Tener un bebé llorón y demasiado irritable puede llegar a propiciar la depresión en la madre, especialmente si es su primer hijo. Sin comentar que también tiene implicaciones a otro nivel, pudiendo llegar a afectar la relación de pareja entre los padres.

Nuevo estudio respalda que inducir el trabajo de parto no incrementa riesgos

La inducción del trabajo de parto mediante el uso de oxitocina es una metodología controvertida, ya que si bien logra dar comienzo o acelerar el trabajo de parto, supone algunos riesgos al intensificar las contracciones uterinas.

Se cree que el uso de estos métodos llevaría a cesáreas innecesarias y a mayor sangrado posparto, aunque un estudio reciente descarta que esto sea así para las primerizas.

La inducción al parto por medios mecánicos o por el uso de oxitocina se ha generalizado en los últimos años, llegando a estar presente en uno de cada cinco partos.

“En las mujeres con un cuello uterino favorable no hubo diferencia en la tasa de cesáreas entre aquellas con trabajo de parto inducido o espontáneo”, dijo la doctora Sarah Osmundson, de la Northwestern University, en Chicago.
Esto no quiere decir que se incentiven las inducciones, sino que lleva tranquilidad a aquellas mujeres que la necesitan, por ejemplo a las que ya se han pasado de la fecha de parto.

El 20% del grupo que había optado por el trabajo de parto espontáneo necesitó cesárea, comparado con el 21 % del grupo con trabajo de parto inducido. El 3 y el 4 % de ambos grupos sufrieron sangrado posparto, respectivamente.

Sin embargo – y contrariamente a lo que podría pensarse –, el estudio determinó que las mujeres pasaron más tiempo hospitalizadas. En efecto, la media entre ellas fue de 13 horas en el hospital, contra las 9 de quienes siguieron el proceso de parto en forma natural.